Opinión

Efectos políticos del Covid-19

LECTURA POLÍTICA

Efectos políticos del Covid-19

Noé Mondragón Norato

 

 

La fatídica expansión del Covid-19 ha servido acaso no solo para percibir la solidaridad de los ciudadanos comunes ─y en muchos casos, la indiferencia absoluta─, sino para reafirmar las voracidades políticas de muchos actores incrustados en la rueda del poder. Basta con asomarse a movilidades e inercias para entender que todo el proceso de fingida «representatividad popular», quedó reducido a las ambiciones e intereses individuales. Hay que pulsar los escenarios.

DESCONTROL ANTE LO DESCONOCIDO. – Si las autoridades fallan ante sus representados, esto se mide de una sola forma: con el agudizamiento de las cifras mortales de la pandemia. Y adicionalmente, con el estallamiento de algunas crisis. Se lee así: 1.- El gobernador Héctor Astudillo y su secretario de Salud, Carlos de la Peña Pintos, han enfocado su trabajo en dos puntos concretos: llamar a quedarse en casa a los ciudadanos. Y ventilar la estadística cotidiana del crecimiento de los contagios y muertes por Covid-19. El caso es que esta mortal enfermedad, los tomó desprevenidos en el asunto de la pobreza y el atraso, que son endémicos en la entidad. De esta forma, el comercio informal ─y hasta el formal─ que vive de lo poco que vende a diario, se quedó desprotegido. Ellos no podían quedarse en casa, porque entonces se arriesgaban a quedarse sin comer. Ahí es justo donde la estrategia gubernamental ha fallado. Para el gobierno estatal, las inmovilidades oficiales se tradujeron necesariamente, en ahorros. En los edificios públicos estatales hay ahorros por concepto de consumo en energía eléctrica. También, de gasolina dado que los desplazamientos del equipo gubernamental han disminuido considerablemente. El pago de viáticos, encontró paralizaciones. ¿Por qué razón, el mandatario estatal no invirtió esos ahorros para proveer de alimentos a los sectores de la población más necesitados? Más que discursos de compromisos,se precisa de una sensibilidad no mostrada hasta hoy por el mandatario estatal. 2.- El ex perredista, actual senador del Morena y aspirante a gobernador por ese partido, Félix Salgado Macedonio, cometió dos errores elocuentes: llamó a los turistas nacionales a «visitar Acapulco», cuando la enfermedad se encontraba en fase uno ─en abril pasado─, como una forma de echarse a la bolsa los apoyos al comercio ambulante del puerto. A la distancia, habrá que ubicar cuantos de esos vendedores se encuentran hospitalizados por Covid-19. Y fincarle las debidas responsabilidades al senador morenista. Por otro lado, Félix magnificó mediáticamente, su solicitud de licencia a la curul senatorial el pasado 18 de mayo. Se entiende que va ahora, a placearse para la disputa por el gobierno estatal. El punto es que, si los sectores más necesitados no percibieron apoyos alimenticios en las fases dos y tres de la enfermedad, ¿qué podrían esperar de dicho legislador opositor en su hipotética llegada como gobernante? Una sola cosa: la misma simulación3.- A este coro inactivo e insensible se sumaron los ocho diputados federales del Morena y uno del PRD. Y de los locales, solo el presidente de la Junta de Coordinación Política, Jesús Villanueva Vega, repartió despensas en su distrito. Y el representante de la Asociación Avante Juntos de Iguala, Antonio Jaimes Delgado ─un personaje sin partido─, hizo lo propio con la donación de dos cápsulas de aislamiento para personas contagiadas. Una acción loable y plausible si se considera que no recibe apoyos más que los logrados por su propia organización a través de rifas y sorteos. Mientras, los legisladores federales, en actos de plena codicia, ahorran las millonarias partidas para gestión que les otorgan en el Congreso de la Unión. ¿Acaso esperan con esas actitudes mezquinas, la solidaridad del votante en la elección intermedia del 2021? No entienden que el efecto AMLO ya pasó. Y no tendrán otra divisa que vender. Mas que sus propias voracidades.

HOJEADAS DE PÁGINAS…Las pestes del pasado ─y que mataron a millones de personas─ se abatieron con tres cosas: el aislamiento obligado de personas, el cierre de las fronteras y la responsabilidad de los propios ciudadanos para dimensionar el impacto de la enfermedad. Demandar respeto al libre tránsito en plena crudeza expansiva del Covid-19, es una irresponsabilidad. El regreso a la normalidad no implica solamente la obligada sensibilidad de las autoridades, sino también de los propios ciudadanos. Ese es el punto.

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