Opinión

Indolencias de Astudillo y Adela

LECTURA POLÍTICA

Indolencias de Astudillo y Adela

Noé Mondragón Norato

 

Muy a pesar de que el gobierno estatal y la propia Secretaría de Salud anuncien el pase del semáforo rojo al naranja para el próximo miércoles, el puerto de Acapulco sigue siendo el centro de la pandemia en relación a las muertes y al incremento de los contagios. Por eso, extraña que la comuna gobernada por la morenista Adela Román Ocampo, elabore un doble discurso y llame a la población a cumplir con las medidas sanitarias para protegerse, por un lado; y por el otro invoque y provoque literalmente, el incremento de los contagios. El pulso lo dice todo.

NEGLIGENCIA AMBIENTAL. – Una de las razones fundamentales por las que se llama a la población a no meterse al mar, es porque ahí llegan de algún modo, las descargas de ríos y afluentes diversos que potencializan la transportación del virus. Pero como a los gobiernos les interesa vender imagen de solidaridad y atención en la coyuntura de la pandemia, olvidan deliberadamente que deben invertir recursos a fin de evitar en lo posible, que estas descargas lleguen al mar. Sin embargo, Adela Román no lo ha hecho. Se lee así: 1.- Grabada desde lo alto de un hotel el pasado jueves, la imagen es elocuente: una descarga de aguas negras llega proveniente de uno de los tantos canales pluviales del municipio, directo al mar en playa Icacos. La contamina irremediablemente. El director de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del municipio de Acapulco (Capama), Leonel Galindo González lo justificó de la manera más comodina y fácil para salir del atolladero: «no son aguas negras, son aguas con lodo, es agua de lluvia normal». Capama ha sido históricamente, una de «las cajas chicas» de los alcaldes en turno. Cada fin de trienio estallan los escándalos por ofensivos y millonarios desvíos de recursos que son cobijados por las complicidades y la impunidad política. Y esta parece no ser la excepción. Porque sabiendo de la expansiva mortalidad del Covid-19 y percibiendo la proximidad de la temporada de lluvias, el director de esa paramunicipal no tomó ni implementó las medidas pertinentes para evitar la propagación del virus a través de las aguas contaminadas y residuales que llegan al mar. Lo cual implica una sola cosa: el riesgo de contagio para los turistas y bañistas se incrementó sustancialmente. Al enmudecer ante un hecho incontrovertible, la alcaldesa Adela Román no solo exhibió indolencia, sino que se muestra cómplice del titular de la Capama. Su deber consistía en ordenar de inmediato una investigación a fondo. Y de encontrar responsabilidades, renunciar a dicho funcionario en virtud de que, con su negligencia ha puesto en riesgo muchas vidas cuando el semáforo por Covid-19 en Guerrero, todavía está en rojo. Con el ingrediente adicional de que muchos ciudadanos irresponsablemente, se siguen introduciendo al mar. 2.- Como para politizar el asunto de las descargas de aguas negras en playa Icacos, el titular de la Comisión de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento del Estado de Guerrero (Capaseg), Arturo Palma Carro, le entró a la polémica. Explicó que «la falta de mantenimiento del colector de drenaje provocó el derrame de aguas negras. Es decir, una mezcla de drenaje pluvial y sanitario». Así, la contaminación de la bahía, por un descuido evidente del titular de la Capama, fue real. Sin embargo, el funcionario de la Capaseg admitió su papel como ‘supervisor’ de los trabajos de desazolve realizados por la Capama en el puerto turístico, pero se olvidó de ponderar cómo y de qué forma, su dependencia está contribuyendo para mantener la limpieza de las playas. Se entiende que, como tal, maneja un recurso financiero que debe aplicar. Le resultó muy fácil asumir que «el gobernador estaba preocupado por el incidente», pero lo realmente visible en este caso, es que ni el gobierno municipal ni el estatal se ponen de acuerdo en lo referente al tratamiento, descarga y canalización de las aguas residuales evitando que contaminen el mar. Ambos, por lo tanto, son responsables. Igual de indolentes.

HOJEADAS DE PÁGINAS…El estado óptimo para el académico norteamericano John Ackerman, es que la prensa esté silenciada. Y no descubra ninguna tropelía ni corruptela atribuida a su familia. Por eso llamó irresponsablemente, sicarios a los periodistas en su cuenta de Twitter, a raíz del atentado contra el jefe de la policía de la Ciudad de México, Omar García: «los sicarios del narco, son la contracara del sicariato mediático», escribió. Y lo que obtuvo fue un exhorto de la CNDH para respetar los derechos humanos de los periodistas. Fascistas hay en izquierdas, derechas y centros.

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