Caminos del sur
El suicidio que no aparece en las cifras
Por Manuel Nava
La evolución del suicidio en la Región Pacífico Sur entre 2024 y 2026 presenta una paradoja que obliga a mirar más allá de las tasas generales de mortalidad. Aunque las cuatro entidades mantienen registros inferiores a la media nacional, esta aparente menor incidencia no necesariamente significa que el fenómeno tenga una menor gravedad social.
Por el contrario, cuando el análisis se concentra en niñas, niños, adolescentes y jóvenes, aparecen factores de vulnerabilidad asociados con pobreza, desigualdad territorial, violencia, desintegración familiar, exclusión educativa y una limitada disponibilidad de servicios especializados de salud mental.
La media nacional de suicidio se sitúa alrededor de los 6.7 y 6.8 casos por cada 100 mil habitantes, mientras que para la población de 15 a 29 años la tasa alcanza aproximadamente 10.2 casos por cada 100 mil. Frente a estos indicadores, la Región Pacífico Sur parece ubicarse en una posición estadísticamente menos crítica. Sin embargo, esta lectura puede resultar engañosa si se interpreta la tasa como un reflejo directo de la dimensión social del problema.
El comportamiento regional muestra, de hecho, una marcada polarización estadística. Guerrero se mantiene entre las entidades con las tasas más bajas del país, con registros que oscilan alrededor de 1.6 a 2.0 casos por cada 100 mil habitantes. Esta situación contrasta fuertemente con entidades del norte, como Chihuahua y Aguascalientes, donde las tasas alcanzan niveles superiores a 12 o incluso 14 casos por cada 100 mil habitantes.
La distribución territorial sugiere que el suicidio no responde exclusivamente a variables individuales o psicológicas, sino también a condiciones sociales, culturales, económicas e institucionales diferenciadas.
En el caso de Guerrero, la baja tasa debe ser analizada con particular cautela. Puede existir una relación entre el fortalecimiento de las estrategias comunitarias de salud mental y una mayor capacidad preventiva, pero no resulta metodológicamente adecuado atribuir directamente la reducción o el bajo nivel de la tasa a dichas acciones sin una evaluación que demuestre esa relación.
Además, en una entidad caracterizada por altos niveles de pobreza, violencia y dispersión territorial, resulta indispensable considerar la posibilidad de subregistro, dificultades de acceso a servicios especializados y diferencias en los mecanismos de clasificación y notificación de las defunciones.
Chiapas ofrece un ejemplo todavía más revelador de esta tensión entre la estadística agregada y la realidad social. Aunque la tasa poblacional reportada por el INEGI lo ubica entre los estados con menor incidencia aparente —alrededor de 3.8 casos por cada 100 mil habitantes en 2025—, los registros de la Fiscalía General del Estado señalan un incremento significativo durante 2026, con más de 215 casos en los primeros ocho meses.
La cifra adquiere relevancia no solamente por su magnitud, sino porque obliga a preguntarse qué está ocurriendo entre la población joven y qué diferencias existen entre los sistemas de registro.
Más que asumir que una de las fuentes es correcta y la otra incorrecta, esta divergencia debe ser entendida como un problema sociológico e institucional de medición. Las estadísticas de mortalidad, las investigaciones ministeriales y los registros de los servicios de salud pueden tener distintas temporalidades, criterios de clasificación y alcances. En consecuencia, una parte del desafío consiste precisamente en construir un sistema de información capaz de identificar oportunamente dónde, entre qué grupos de edad y bajo qué condiciones sociales se está concentrando el riesgo.
En Oaxaca y Michoacán también resulta insuficiente explicar el comportamiento exclusivamente a partir de una división geográfica entre un norte con tasas elevadas y un sur con menores registros. El territorio importa porque determina el acceso a los servicios, pero también porque expresa profundas desigualdades sociales.
El suicidio infanto-juvenil no debe ser reducido a un problema exclusivamente de salud mental. Es también un indicador de las condiciones en que una sociedad está construyendo la vida de sus nuevas generaciones.
Trátese de quien se trate, el dolor emocional siempre se esconde detrás del silencio diría la abuela.
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Referencias
Estadísticas de Defunciones Registradas. INEGI
¿Cómo está la salud mental de los niños en México. Save the Children
Guíasy diarios de viaje
Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM)encio, diría la abuela.
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