ZONA CERO
la farsa
Roberto Santos
La historia, advertía Karl Marx, tiene una curiosa tendencia a repetirse: primero como tragedia y luego como farsa.
La tragedia es el momento original, doloroso y transformador; la farsa, en cambio, es la repetición vacía, cuando se imitan gestos, discursos y símbolos del pasado sin comprender que las condiciones históricas ya son otras.
En política, esta idea cobra vigencia cada vez que un proyecto agotado intenta reciclar viejas fórmulas, viejos liderazgos o viejas narrativas para mantenerse a flote, estamos frente a esa segunda vuelta de la historia.
La farsa aparece cuando se invoca un “pasado glorioso”para justificar su presencia en el contexto político, cuando se promete cambio con las mismas prácticas, o cuando se apela a la épica sin asumir la responsabilidad de un gobierno fracasado.

Sí, es el caso de Rogelio Ortega, quien ahora termina por imitar al Jaguar Armando Ríos. La farsa es el síntoma de una clase política que ya no logra interpretar su tiempo y que, ante la falta de ideas nuevas, se disfraza con ropajes antiguos.
El desafío es no aplaudir la comedia, mucho menos la farsa, sino exigir que la historia avance, aunque eso implique romper con mitos, supuestos liderazgos y relatos que ya cumplieron su ciclo y ya son parte del pasado.
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