LECTURA POLÍTICA
Alianzas y ayunos de poder
Noé Mondragón Norato
El PRI en Guerrero no aguanta dos sexenios consecutivos fuera del poder estatal. Zeferino Torreblanca fue el primer gobernador de la alternancia perredista. Pero al concluir su sexenio, el siguiente cuatrienio no lo encabezó un personaje de su mismo partido, sino otro que encarnaba justamente, los intereses y entendimientos con el partido tricolor: Ángel Aguirre Rivero. En la actual coyuntura y sí el Morena repitiera el triunfo en el gobierno estatal, serían dos sexenios al hilo en los cuales el PRI estaría excluido. Y por eso los actores y actuales propietarios de esa franquicia partidista maniobran en cuando menos dos pistas: intentando meter aliados políticos en el partido guinda encarnados en caballos de Troya. Y olfateando eventuales rupturas internas en el partido presidencial de las cuales explotar su mayor plusvalía traducida en una eventual derrota electoral. Basta con atar algunos cabos sueltos para entender esta inédita reconfiguración.
¿PODER COMPARTIDO? – Los grupos de poder en el PRI no dejan de moverse. Sobre todo, los de los ex gobernadores Rubén Figueroa y Ángel Aguirre. Pero también el del senador Manuel Añorve. Apelan al conocimiento del entorno político y de todos los personajes opositores que hoy engrosan las filas de Morena. Saben por dónde llegarles. Conocen sus vulnerabilidades. Los lastres que arrastran. La forma en que, llegado el momento, podrían doblarlos. De ahí se lee lo demás: 1.- Si se mira bien, muchos de los actores morenistas internos y externos que se quieren meter a la disputa por la candidatura a gobernador para la elección de 2027, guardan una pertenencia política ligada a los dos ex gobernadores priistas mencionados.

La actual senadora morenista Beatriz Mojica Morga fue secretaria de Desarrollo Social con Ángel Aguirre. El ex candidato a gobernador por el PRI y luego a senador por el MC, Mario Moreno Arcos, es un cuadro de clara pertenencia al mismo grupo aguirrista. No puede negar la cruz de su parroquia. La alcaldesa de Acapulco, la morenista Abelina López Rodríguez, se entiende muy bien tanto con Figueroa como con Aguirre. Aunque su plus electoral se encuentre rondando los suelos. La actual consejera jurídica de la presidencia, Estela Damián Peralta agrupa al grupo Figueroa y al de Aguirre a la vez. El ex dirigente estatal del PRI, Cuauhtémoc Salgado Romero ─de clara pertenencia política figueroísta─ es de los impulsores natos de su proyecto. Pero sobre todo su tío, Pioquinto Damián Huato, un personaje que está relacionado históricamente con el ex gobernador oriundo de Huitzuco. Por otro lado, Alfonso Damián Peralta ─hermano de Estela─ se desempeñó como auditor de la auditoria superior del estado (ASE) durante todo el trienio de Ángel Aguirre y todo el sexenio del ex gobernador tricolor Héctor Astudillo. Como se ve, hay dos poderosos vasos comunicantes que impulsan desde el PRI a Estela. El punto es no guardar ayuno de poder estatal durante otro sexenio. 2.- Las alianzas partidistas comenzaron a crujir bajo un entablado viejo y podrido. Así, el PT y PVEM amenazan con no aprobar la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum. Quieren conservar sus cotos de diputados y senadores plurinominales. Amenazan con exigir más candidaturas a gobernador. Y si no, la ruptura se avizora. Podrían regresar a formar alianza con su antiguo protector, el PRI. Ambos partidos quedaron marcados desde el pasado porque, en aras de mantener sus cuotas de poder, tendieron alianzas con el priismo. Pero como todos los partidos pequeños son oportunistas, ambos se montaron en la ola morenista cuando percibieron que el poder había cambiado de manos y de conducción. Por ese resquicio podría meterse a cabildear el senador tricolor Manuel Añorve Baños, quien mantiene una estrecha relación con el diputado local del PVEM, Arturo Álvarez Angli. Y también tiene picaporte asegurado con el dirigente estatal del PT, Victoriano Wences Real, a través de su aliado David Jiménez Rumbo, dirigente municipal en Acapulco de dicho partido. Añorve espera pacientemente una coyuntura benéfica para él: la eventual crisis y ruptura morenista derivada de la sucesión gubernamental. Y de la reforma electoral que tumbe alianzas. Porque el PRI no aguanta dos sexenios consecutivos fuera del poder estatal.
HOJEADAS DE PÁGINAS…El debate lo abrió el senador Toro: el PT y PVEM no ganaban elecciones sin el respaldo de Morena. Y todo porque ambos partidos se niegan a dar su apoyo a la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum. El coletazo pegó fuerte en el diputado local del PVEM, Alejandro Carabias Icaza, quien acusó de recibido. Sin demasiados aspavientos, al final terminó plegándose a la instrumentación del “diálogo para arribar a acuerdos y a lo que diga nuestra dirigencia nacional”. En el fondo, los diputados locales del PVEM desconocen el contenido de la reforma electoral promovida desde la presidencia del país. Y su única apuesta mediática es dejarse ver para argumentar justificaciones sin sustento. Son tiros al aire. Carecen del poder decisorio al que solamente la dirigencia nacional de ese partido tiene acceso. Y eso le resta valor político a cualquier debate.
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