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De Bad Bunny a las interfaces: cuando el show supera el talento humano

The Muffin

De Bad Bunny a las interfaces: cuando el show supera el talento humano

Mauricio Cabrera 

 

Al ser humano le ha llegado la hora de dotarse de superpoderes. Para diferenciarse no le resulta suficiente con su intelecto y su presencia. En muchos casos, ni siquiera con su ingenio y creatividad. Ni con su música y su ritmo. No es por decisión propia. Es que la sociedad requiere estridencia y exceso para entretenerse y recordar. Como el arraigo de lo buchón convertido en cultura para a partir del exceso y los logos en primer plano gritar relevancia aún bajo sospecha de dinero mal habido. O como los filtros, ediciones, sonidos y gags necesarios diseñados para entretener a un mundo negado al aburrimiento.

El éxito histórico de Bad Bunny en el Super Bowl no se produjo por su música. Lo que se le cuestiona es lo poco que cantó y que cuando lo hizo, entró a destiempo. Lo que destacó fue el mensaje que envío, el performance que montó, el set que se instaló sobre la cancha del Levi’s Stadium. Haber llevado Latinoamérica al evento emblema de la cultura estadounidense. Y hasta tocar la fibra nacionalista del “God Bless America” para después arrebatárselos enlistando uno a uno los países que conforman el continente. América, dejó claro Bad Bunny, no es Estados Unidos. América es un continente. Y Dios bendice a todos.

Alrededor del performance de Bad Bunny estuvo el Benito Bowl como concepto arraigado. La Concho Collection como un hito histórico al representar la primera ocasión en que la NFL lanza una colaboración oficial en español. Con el Super Bowl convertido en Super Tazón. Y con “Concho”, un sapo de origen puertorriqueño en peligro de extinción, como protagonista de hoodies, gorras y playeras.

Aunque su éxito haya sido absoluto, Bad Bunny no fue suficiente para tener el show de medio tiempo más visto de todos los tiempos. La interpretación musical de Bad Bunny fue menos relevante que verlo arriba de una torre de luz. Los invitados a la casita de Bad Bunny fueron más relevantes que el playlist de las canciones que interpretó.

La sensación es abrumadora, un solo talento rara vez es suficiente para destacar en estos tiempos.

Backstreet Boys en The Sphere: ¿A quién realmente estamos viendo?

En The Sphere no queda tan claro por quién se paga un boleto. Las stories muestran a los Backstreet Boys como elementos secundarios con la producción en pantalla como la gran protagonista. La elección de los boletos, incluso, pasa por un debate respecto a verlos muy de cerca o elegir un mejor lugar para apreciar el show más allá de ellos. Muchos, me incluyo, elegimos lo segundo. Ver a plenitud cuando se elevan en la plataforma. Apreciar cada detalle de las pantallas sin necesidad de torcer el cuello. Disfrutar lo único del show en medio de lo predecible, por más icónica que sea, de su música.

Al salir de ahí, unos cuantos hablan de su capacidad para seguir bailando a gran nivel más de 30 años después, pero la mayoría evalúa la producción. Habla de lo impresionante que resulta. E incluso analiza qué partes podrían mejorarse para ser aún más entretenido. Aún en lo inédito, la audiencia detecta oportunidades de mejora.

El humano importa menos que el espectáculo hipertecnológico.

El storytelling inmersivo es irremediable

Ya no hay marcha atrás. Se han colocado los suficientes cimientos como para detectar lo que se avecina. Una era de contenidos, información e historias edulcorados con tanto como se pueda. Netflix pide a los guionistas que anticipen las emociones y que envíen recordatorios constantes para la audiencia distraída. Heated Rivalry, el gran fenómeno del streaming canadiense, apura los encuentros homosexuales entre sus protagonistas para que ocurran antes del minuto quince del primer episodio sin siquiera haberse tomado el tiempo de construir la rivalidad o la atracción. En cada video de TikTok se incluyen sonidos, ediciones y hasta bromas innecesarias en aras de entretener. Con el café jugamos a personalizarlo hasta llevarlo a niveles en que nos sentimos únicos.

Ante la proliferación de los lentes inteligentes, con Meta por ahora como el gran referente, el mundo físico entrará en ansiedad para sobresalir en entornos inmersivos. Se buscará que un árbol contenga metadata que lo haga único. Tiendas y restaurantes se apresurarán a contar o inventar su historia mientras ofrecen promociones al paso.

Muy pronto, el show hipertecnológico será insuficiente. No sólo querremos ser observadores de lo impresionante. Querremos ser parte de ello. Nos impresionará lo que veamos. Pero también correremos el riesgo de ser insignificantes ante la necesidad de tantos skills y de tantos recursos. Porque hoy, como Bad Bunny, todos hemos de ser empáticos, entretenidos, políticos, tecnológicos, comediantes y disruptivos.

En un mundo en el que ni Bad Bunny es suficiente, se vale llenarse de ansiedad.

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