LECTURA POLÍTICA
Morena y los ecos de la elección de 2008
Noé Mondragón Norato
Hábil en el manejo de los tiempos y las circunstancias, el senador priista Manuel Añorve Baños se agazapa y los espera para saltarle a la coyuntura. La marca y la militancia de Morena lo perciben como un apestado político. Un personaje sin ninguna posibilidad de competencia para ganar el gobierno estatal en la elección de 2027. Pero en el oficio de buscar y mantener el poder esas son nimiedades. Algunos actores olfatean y saben cuándo, cómo y en qué momento tender alianzas y amarres políticos soterrados e inconfesables. Poner a caminar su estrategia. Y esa parece ser la senda más rentable del “chaparro cabrón”, como él mismo se adjudicó ese mote. Basta con pulsar la forma en que logró ganar la alcaldía de Acapulco en la elección del 5 de octubre de 2008, bajo un gobierno estatal que estaba en manos no del PRI, sino del PRD.
GANAR A LA MARCA PARTIDISTA. – El primer gobierno de la alternancia perredista lo encabezó el empresario metido a político, Zeferino Torreblanca Galindo. Y de eso se lee lo demás: 1.- Sosteniendo una relación inicialmente ríspida con Zeferino ─llegaron al extremo de tirarse de patadas en un restaurant Vips de Acapulco─, Manuel Añorve entendió que ese no era el camino para arribar al poder. Tendió entonces, puentes de acercamiento y entendimiento con el ex mandatario perredista. Su ayuno de poder en 2008 era ya largo, pues desde que salió como diputado federal en 2003 se había mantenido en la fría banca. Zeferino decidió enviar a la competencia por Acapulco en aquella elección, a su secretaria de Desarrollo Social, Gloria Sierra López. Hasta entonces, el PRD había ganado la alcaldía porteña durante tres periodos consecutivos: en 1999 con el propio Zeferino, en 2002 con Alberto López Rosas y en 2005 con el actual senador Toro. Los hartazgos y el canibalismo interno de las tribus perredistas ─una réplica exacta que hoy emulan los aspirantes a gobernador en el Morena─ habían generado divisiones. Y por esa generosa brecha se metió el priista Manuel Añorve. 2.- La lección de mandar aspirantes desconocidos, sin trabajo de territorio, liderazgo, arraigo e improvisados políticos brotó durante este primer sexenio perredista en el gobierno estatal, confirmando que la marca partidista no siempre asegura ni es garantía de triunfos electorales. Sobre todo, en una entidad como Guerrero plagada de cacicazgos políticos.

Porque a pesar de que Gloria Sierra llevaba toda la venía política y el presupuesto estatal de Zeferino Torreblanca operando a su favor ─justo como lo pretendería la actual presidenta Claudia Sheinbaum en el proceso electoral en puerta─ rodó hasta ubicarse en el tercer lugar de aquella elección. ¿Qué fue lo que pasó? Simple: no representaba competencia real en las urnas. Y el personaje que realmente le disputó la alcaldía al actual senador tricolor fue el extinto empresario Luis Walton Aburto, quien formó la alianza Convergencia (hoy MC)-PT “Juntos Salgamos Adelante”. Le pisó los talones muy de cerca al “chaparro cabrón” hasta ubicarse en el segundo lugar de la contienda. Hubo muchas irregularidades. Aparecieron “hombres de negro” en motocicletas “hostigando a los votantes, manipulando las urnas y protegiendo la compra del voto”, denunció el propio empresario. Desde luego, acusó fraude electoral e impugnó la elección en tribunales. Pero su denuncia no prosperó. 3.- Desde que comenzó aquella elección, el senador priista evaluó la situación. Y el punto más concluyente era que la competencia electoral real no era Gloria Sierra, sino Luis Walton quien acumulaba tres elecciones intentando ser alcalde de Acapulco ─en 2002 cuando desertó del PRI, en 2005 frente al senador Toro y en 2008 cuando perdió con Añorve─ y, en consecuencia, tenía un plus alto de aceptación. Por eso las baterías tricolores se enfocaron en atacar no a Gloria, sino a Walton. Era el adversario a vencer. En medios de comunicación de aquella época se registró el secuestro expres de varios operadores de Walton justo el día de la elección. Fueron liberados tras contabilizarse los votos. En el segundo tramo del primer gobierno estatal de la alternancia perredista, el actual senador tricolor apareció como alcalde electo de Acapulco. ¿Acaso podría diseñar en la actual coyuntura una estrategia político-electoral que lo vuelva a situar en el podio de los ganadores de la cercana elección de gobernador en 2027? ¿Bastará la marca Morena para garantizar el gane o la derrota a hombres y mujeres sin liderazgo político probado, en sintonía con lo ocurrido a Gloria Sierra en la elección de 2008? Porque, en la política multifactorial a la guerrerense todo, absolutamente todo, es posible.
HOJEADAS DE PÁGINAS…Uno de los personajes que ya se comenzó a mover para ser considerado como aspirante a la alcaldía de Acapulco por Morena, es Audel Urbina Serrano, un activista afromexicano que en el pasado reciente disputó la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Guerrero (CDHG) y es actual director de Divulgación del Conocimiento Jurídico en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Audel intenta romper la estructura creada por el grupo de la alcaldesa de Acapulco Abelina López, quien pretende empujar sucesor en la figura de Leticia Lozano Zavala, su más cercana colaboradora de confianza. Desde luego, la movilidad de Urbina Serrano se asocia con el visto bueno que a esa pretensión le estaría otorgando el propio presidente de la SCJN, Hugo Aguilar Ortiz. Se confirma así, que todos los empoderados en Morena le quieren meter mano y acomodarse, en los escenarios de la elección de 2027.
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