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Entre la autonomía y la ambición

EL COMENTARIO

Entre la autonomía y la ambición

de Marcial Campuzano

 

La reciente aparición del rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), Javier Saldaña Almazán, en la Cámara de Diputados federal no fue un acto protocolario más. En política y más en la guerrerense las fotografías pesan, los acomodos importan y las compañías revelan más que los discursos.

Saldaña apareció junto al presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), Ricardo Monreal, y a Esthela Damián Peralta, actual consejera jurídica de la Presidencia de la República y figura en ascenso dentro de Morena con miras al proceso electoral de 2027. La escena no fue casual. En el tablero político, los movimientos anticipan reconfiguraciones.

La pregunta es inevitable: ¿se trata de gestión institucional legítima o de reposicionamiento estratégico?

Desde hace años, la rectoría de la UAGro ha operado no solo como espacio académico, sino como estructura de poder territorial. Con presencia en 75 municipios del estado, la universidad no es menor en términos de capacidad de movilización. El propio rector lo dejó claro cuando, en un evento público, amenazó al gobierno de Guerrero con paralizar actividades si continuaban los intentos de hostigamiento, generar ingobernabilidad y las exigencias de auditoría a su administración. La advertencia fue más política que académica.

La autonomía universitaria, principio constitucional destinado a proteger la libertad académica y la autogestión institucional, no puede convertirse en blindaje frente a la rendición de cuentas. Cuando se amenaza con detener al estado ante cuestionamientos administrativos, el debate deja de ser técnico y entra de lleno en el terreno de la presión política.

La autonomía universitaria no es patente de corso. No fue concebida para blindar liderazgos ni para convertir a la institución en moneda de negociación frente al poder estatal. Es un principio para garantizar libertad académica y responsabilidad social. Confundirla con inmunidad política es una distorsión peligrosa.

A ello se suma una constante que ha marcado los últimos años: cada cierre de ejercicio fiscal, la rectoría solicita recursos extraordinarios al gobierno estatal para cubrir aguinaldos y salarios. El argumento es recurrente: insuficiencia presupuestal.

Sin embargo, persisten señalamientos sobre estructuras administrativas sobredimensionadas, planteles con baja matrícula y una carga operativa que compromete la viabilidad financiera. El problema no es pedir apoyo; el problema es no transparentar con claridad el modelo de gasto ni emprender ajustes estructurales.

Durante el sexenio de Héctor Astudillo, Saldaña mantuvo una relación cercana con el Ejecutivo estatal. Posteriormente, la gobernadora Evelyn Salgado se convirtió en interlocutora prioritaria. Más tarde, el discurso de alianza con el senador Félix Salgado Macedonio parecía consolidar un bloque político. Hoy, las imágenes en San Lázaro sugieren que el rector podría estar explorando nuevas coordenadas de poder.

En política, las lealtades son transitorias y los intereses permanentes. El eventual ya evidente distanciamiento con Félix Salgado aún no oficial, pero cada vez más comentado en corrillos gubernamentales y universitarios, no sería una anomalía, sino parte de una estrategia de supervivencia. El rector parece comprender que el ciclo electoral ya comenzó y que conviene acercarse a quienes podrían influir en la definición de candidaturas.

La UAGro merece estabilidad institucional, planeación académica y solvencia financiera. Guerrero necesita universidades fuertes, no universidades convertidas en plataformas de negociación política. Si la rectoría se convierte en pieza de intercambio dentro de la disputa interna de Morena, la autonomía se desvirtúa y la comunidad universitaria queda atrapada en una lógica ajena a su vocación.

Lo que hoy se observa no es únicamente una fotografía incómoda; es el síntoma de una universidad que sigue orbitando alrededor del poder político en turno. La pregunta de fondo no es con quién se alineará Javier Saldaña rumbo a 2027, sino si la UAGro logrará, alguna vez, independizarse de la lógica de cuotas, presiones y reacomodos que han marcado su historia reciente.

Porque cuando la educación superior se convierte en ficha dentro del ajedrez político, pierde la academia y pierde Guerrero.

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