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La democracia muere en la oscuridad. El Washington Post, en el silencio de sus líderes

The Muffin

La democracia muere en la oscuridad. El Washington Post, en el silencio de sus líderes

Mauricio Cabrera

El mensaje regresa como búmeran. Aquella campaña estaba tan llena de verdad que el emisor ha sido víctima. “La democracia muere en la oscuridad”, decía el Washington Post en el 2017 para promover su periodismo en tiempos en que Jeff Bezos hablaba de que proteger y encumbrar al Washington Post sería uno de los más grandes privilegios de su vida.

Hace unas horas, con la democracia en modo avión para evitar el enojo de Donald Trump, el Washington Post recortó a un tercio de su plantilla. Se ha ido, entero, el equipo de deportes integrado por 45 personas. El equipo de corresponsales se redujo de forma significativa. La sección de libros ha sido cerrada. La producción de Post Reports la han suspendido de forma indefinida. Todos los fotógrafos del diario han sido despedidos. Al equipo de tecnología lo diluyeron en un 75%. Se ha ido, según reporta Status, hasta el reportero especializado en cubrir a Amazon. Al Washington Post le queda poco más que la democracia en la oscuridad de sus propias decisiones.

Los recortes no son particulares del Washington Post. Pero sí la violencia y la indiferencia con que han ocurrido. El bagaje del dueño importa para la narrativa. No es lo mismo que te despida un medio propiedad de uno de los hombres más ricos del mundo que una empresa independiente con escasa fuerza de ventas y mínima influencia política. Duele la ironía de pensar en Jeff Bezos respaldando recortes masivos cuando se trata del periodismo que él mismo aseguró que ayudaría a rescatar e invirtiendo, al mismo tiempo, 75 millones de dólares en el documental de Melania Trump.

Mientras el Post le pide a la gente que se quede en casa a la espera de un Zoom en el que le dirán su futuro, Bezos y los más grandes ejecutivos de Amazon organizan fiestas públicas y privadas para enaltecer la figura de Donald Trump a través de su esposa. Prime Video y Hollywood son el nuevo Washington Post de Jeff Bezos. Ni siquiera se ha preocupado por disimularlo.

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El mensaje regresa como búmeran. Aquella campaña estaba tan llena de verdad que el emisor ha sido víctima. “La democracia muere en la oscuridad”, decía el Washington Post en el 2017 para promover su periodismo en tiempos en que Jeff Bezos hablaba de que proteger y encumbrar al Washington Post sería uno de los más grandes privilegios de su vida.

Hace unas horas, con la democracia en modo avión para evitar el enojo de Donald Trump, el Washington Post recortó a un tercio de su plantilla. Se ha ido, entero, el equipo de deportes integrado por 45 personas. El equipo de corresponsales se redujo de forma significativa. La sección de libros ha sido cerrada. La producción de Post Reports la han suspendido de forma indefinida. Todos los fotógrafos del diario han sido despedidos. Al equipo de tecnología lo diluyeron en un 75%. Se ha ido, según reporta Status, hasta el reportero especializado en cubrir a Amazon. Al Washington Post le queda poco más que la democracia en la oscuridad de sus propias decisiones.

Los recortes no son particulares del Washington Post. Pero sí la violencia y la indiferencia con que han ocurrido. El bagaje del dueño importa para la narrativa. No es lo mismo que te despida un medio propiedad de uno de los hombres más ricos del mundo que una empresa independiente con escasa fuerza de ventas y mínima influencia política. Duele la ironía de pensar en Jeff Bezos respaldando recortes masivos cuando se trata del periodismo que él mismo aseguró que ayudaría a rescatar e invirtiendo, al mismo tiempo, 75 millones de dólares en el documental de Melania Trump.

Mientras el Post le pide a la gente que se quede en casa a la espera de un Zoom en el que le dirán su futuro, Bezos y los más grandes ejecutivos de Amazon organizan fiestas públicas y privadas para enaltecer la figura de Donald Trump a través de su esposa. Prime Video y Hollywood son el nuevo Washington Post de Jeff Bezos. Ni siquiera se ha preocupado por disimularlo.

El desdén de Bezos ante las peticiones de apoyo por parte de periodistas del Washington Post se ha convertido en cultura. Reportan medios estadounidenses que Will Lewis no apareció por ningún lado durante los recortes. No dio entrevistas. No habló ni con los que se fueron ni con los que se quedan. Ni siquiera hubo un correo o presentaciones detallando los planes del nuevo WaPo que para muchos, en realidad, será un Washington Post en estado de coma.

Si la democracia muere en la oscuridad, el Washington Post muere en en el silencio.

¿Qué sí es correcto en el diagnóstico de Will Lewis respecto al estado actual del Washington Post?

En medio del desatino hay algunas conclusiones precisas, pero mal atendidas. En su discurso de justificación ante los despidos, Matt Murrray, editor ejecutivo y el elegido por Will Lewis para poner el pecho a las balas ante los afectados por los recortes, aseguró que el Washington Post no podía seguir aspirando a ser todo para todos.

The Post “can’t be everything to everyone.”

Aunque al periodista le duela, es verdad. El generalismo es característico de una era que no va más. Esa en la que la sociedad requería de los medios como intermediarios para saber lo que ocurría a su alrededor.

El mundo en la era digital derivó en nichificación y personalización. Cada usuario es, potencialmente, más experto y aficionado a un tema que un periodista al que de cuando en cuando se le asigna una cobertura. E incluso si un periodista sólo está en ello, como el caso del reportero específico para cubrir Amazon, es posible que por vías independientes haya medios independientes que lo cubren con mayor interés, especialización y estrategia.

El generalismo colapsa tanto por los intereses ultra-específicos de la audiencia como por la competencia que representan los creadores de contenido para atender esas necesidades tan particulares.

¿Por qué el New York Times triunfa donde el Washington Post fracasa?

La estrategia actual del New York Times parece contradecir la crisis del generalismo. Con 13 millones de suscriptores pagos, el NYT está en plena búsqueda por resolver múltiples necesidades de la vida cotidiana. En pocas palabras, por ser un generalista. Pero con profundas diferencias respecto a lo que se entiende por generalismo.

  1. Producto mínimo viable: con años de historia, el primer eslabón del New York Times para convertirse en el referente mundial fue su periodismo. No los juegos, no las recetas, no los deportes a través de The Athletic, no las recomendaciones de productos. Su capacidad para desde Estados Unidos retratar la realidad del mundo.

En el Washington Post, Jeff Bezos sumó en su momento a partir de la supuesta defensa de la democracia. Pero hoy su vinculación al Post destruye más que construye. Fue él quien provocó la baja de miles de suscriptores pagos con su decisión de no publicar el editorial a favor de Kamala Harris. Es también él junto con su equipo de comunicación, quien no tuvo el tacto de separar en tiempos un recorte masivo con una inversión de pleitesía para el documental de Melania.

  1. Expansión con apropiación de nichos y necesidades: una vez que el Times consideró que estaba acercándose al tope del periodismo duro como generador de suscripciones y formador de hábitos, encumbró aún más el valor agregado de sus productos especializados. Desde los juegos como una evolución de lo que ocurría históricamente en los impresos hasta la adquisición de The Athletic para conquistar tanto uno de los rubros de mayor recurrencia entre los usuarios como el poder de las coberturas locales en forma de equipos colegiales y profesionales.

En el Washington Post, han decidido, paradójicamente, que el deporte no forma parte de su futuro inmediato. Decisión cuestionable dado el interés constante que un usuario tiene sobre sus equipos y deportistas preferidos. El interés por el deporte es, en resumidas cuentas, un formador de hábitos que resulta relevante para efectos de justificar el pago de una suscripción. Vale, el Washington Post no quiere ser The Athletic.

Al equipo que cubre el negocio de la industria tecnológica, también lo redujeron en tres cuartas partes. En muchos sentidos, el poder tecnológico es el poder más grande de nuestros tiempos, incluso por encima del poder político. Pero Will Lewis y el equipo de liderazgo ha decidido que tampoco aspiran a ser The Information, TechCrunch, The Verge, o 404 Media. De nuevo, una categoría de alto valor para el mercado de las suscripciones por el que no irán.

Quedan entonces sólo dos avenidas: la política interna (dado que a nivel internacional redujeron drásticamente su equipo) y el poder corporativo. En ambos, cuesta pensar que el Washington Post pueda pasar por encima de Politico o de Punchbowl. Dos medios a los que vio crecer en su misma ciudad sin siquiera meter las manos. Y respecto a los negocios, parece imposible que el Post pueda competir con la tradición de Bloomberg, el éxito en eventos de Semafor con su pretensión de crear el nuevo equivalente al Foro Mundial Económico de Davos, y con cientos de newsletters especializados.

El liderazgo del Post se contradice. De acuerdo a reportes de esa mañana negra para el periodismo, Murray habló de “ser más esenciales en la vida de la gente en lo que se está convirtiendo en panorama mediático más abarrotado, competitivo y complicado”.

¿En verdad se puede ser esencial en la vida de las personas si no cubres sus pasiones en deportes y entretenimiento?

¿En verdad tiene sentido enfocarse en la política local cuando la conversación es cada vez más global?

Se entiende que el Washington Post quiera hacer del corazón político de Estados Unidos su bastión. Pero esa obviedad la ignoraron durante tanto tiempo que es irresponsable pensar que desde ahí vendrá su salvación. Sobre todo si, a la luz de los hechos, la rendición de cuentas ha sido recortada para abrazar la inversión de pleitesía presidencial.

 

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