Zona Cero
Roberto Santos
Aunque no es el momento, los actores políticos ya están dentro de la contienda política electoral.
Aunque se sabe de los espacios donde se vive la intensidad de la disputa política, no hay que olvidar que también se juega en los encuadres.
Por eso, una imagen fija, recortada y difundida con intención, puede sugerir lo que no ocurre: exclusión, desaire, ruptura.
Lo que sucedió ayes en los estands de Veracruz, en el Tianguis Turístico México 2026, donde la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, es invitada por Rocío Nahle a disfrutar café de La Parroquia, quedando la senadora Bety Mojica de pie, dio paso a la idea de que no fue invitada a sentarse, por lo que se trató de instalar la idea de rechazo.
Pero aquí el contexto desarma la narrativa. No es un desayuno privado ni una mesa de negociación cerrada; es un recorrido en stands dentro de un tianguis turístico, con espacios limitados y una dinámica itinerante.
Tres gobernadoras y una presidenta municipal ocupan los asientos disponibles; el resto —incluida la senadora— permanece de pie, como suele pasar en este tipo de eventos. Convertir eso en “rechazo” es forzar la lectura.
Además, hay otras fotografías del mismo recorrido que no circulan con la misma intensidad: en ellas se observa a la gobernadora Evelyn Salgado y a la senadora Bety Mojica sonriendo, conversando y acompañadas por el secretario de turismo. ¿También eso es falso? ¿O simplemente no encaja en la narrativa que algunos buscan instalar?
La selección de imágenes no es inocente, es una forma de edición política.
La escena revela más sobre la disputa de percepciones que sobre un conflicto real en ese momento.
Es normal que cuando se entra a la competencia electoral, cada gesto se magnifica y cada pausa se interpreta.

La senadora aparece de pie y, de inmediato, la narrativa adversaria a su proyecto intenta fijar la idea de aislamiento y de rechazo.
Es una operación muy común en tiempos electorales, simplificar un evento complejo en una imagen emocionalmente cargada que circule bien en redes.
No importa tanto la veracidad como la eficacia del encuadre.
Sin embargo, eso no significa que no exista tensión política de fondo.
Los abucheos en actos partidistas y las pugnas por la “propiedad” del movimiento hablan de una disputa real por el control territorial y la candidatura.
Ahí sí hay señales claras de grupos que marcan sus territorios, liderazgos que prueban fuerza y una militancia que se divide entre lealtades.
El punto clave es distinguir entre síntoma y montaje. La imagen, por sí sola, no demuestra exclusión; el contexto la vuelve ordinaria.
Pero la rapidez con la que se instrumentaliza confirma que la contienda ya se libra en el terreno de la percepción.
En las coyunturas electorales, sabemos que a veces una silla vacía, un asiento ocupado, o saborear un rico churro acompañado de café, impactan más en la percepción que un discurso entero.
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