EN OPINIÓN
Coahuila y las lecciones rumbo a 2027
Lic. Moisés Torres Salmerón
Los resultados electorales en Coahuila ofrecen elementos de análisis que trascienden el ámbito local y proyectan importantes reflexiones para el futuro político del país. Más allá de la victoria obtenida por el PRI, la elección deja lecciones que deberían ser observadas con atención por todas las fuerzas políticas que aspiran a competir con éxito en los procesos electorales de 2027.
La primera lección es que en una democracia nadie es invencible. Durante los últimos años, Morena ha logrado consolidarse como la principal fuerza política nacional, obteniendo triunfos relevantes en distintos procesos electorales. Sin embargo, la experiencia de Coahuila demuestra que la fortaleza electoral de un partido no implica la imposibilidad de ser derrotado. Los ciudadanos continúan teniendo la capacidad de evaluar gobiernos, contrastar propuestas y decidir libremente el rumbo político de sus entidades.
La segunda lección está dirigida a los partidos de oposición. Los resultados muestran que la unidad estratégica puede convertirse en un factor determinante para competir con posibilidades reales de éxito. Cuando las fuerzas opositoras concurren divididas, dispersan su capital político y reducen significativamente sus oportunidades de triunfo. La fragmentación puede traducirse no sólo en derrotas electorales, sino incluso en la pérdida de registro local, como le sucedió en esta elección al PAN y a MC.
La tercera enseñanza es que las coaliciones deben evolucionar. Ya no basta con construir alianzas electorales cuyo único propósito sea ganar una elección. La ciudadanía exige algo más profundo: proyectos de gobierno capaces de generar resultados. Los acuerdos políticos deben transformarse en auténticos gobiernos de coalición que integren capacidades, experiencias y visiones diversas para atender los problemas públicos.
México enfrenta desafíos complejos en materia de seguridad, desarrollo económico, combate a la pobreza, acceso a la justicia, salud y educación. Ninguna fuerza política posee por sí sola todas las respuestas. En este contexto, la construcción de gobiernos de coalición puede representar una alternativa viable para fortalecer la gobernabilidad democrática y ampliar los consensos necesarios para impulsar políticas públicas de largo alcance.
De cara a las elecciones de 2027, en las que se renovarán diversos cargos de elección popular en varias entidades federativas, los partidos políticos deberán decidir entre dos rutas: la competencia fragmentada o la construcción de proyectos comunes. La primera puede conducir a la dispersión del voto y a la pérdida de espacios políticos; la segunda puede abrir la puerta a nuevas mayorías capaces de ofrecer estabilidad y mejores resultados para la ciudadanía.
La experiencia de Coahuila no debe interpretarse únicamente como una victoria partidista. Debe entenderse como un recordatorio de que la democracia permanece abierta, de que ningún triunfo está garantizado y de que la construcción de acuerdos sigue siendo una herramienta fundamental para responder a las demandas sociales.
Al final, los ciudadanos no votan únicamente por partidos; votan por la expectativa de tener mejores gobiernos. Esa es, quizá, la principal lección que deja Coahuila rumbo a 2027.
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