13 de junio de 2026
Opinion

México y el miedo a la grandeza

 

Zona Cero

México y el miedo a la grandeza

Roberto Santos

 

 

 

México inauguró su participación en el Mundial con una victoria que dio alegría y esperanza a los mexicanos.

Pero contra todo pronóstico, no logró convencer a Javier Aguirre, quien apareció más preocupado que satisfecho, lo que generó una sensación incómoda.

Aguirre señala que el partido era para 4-0, no 2-0.

El marcador dice que ganaron; el funcionamiento del equipo, dice otra cosa muy distinta.

Los entrenadores experimentados son como los generales, saben que los triunfos engañan, pero las actitudes no.

Todos vimos que la Selección marcó temprano porque encontró un rival limitado y tuvo el escenario perfecto para enviar un mensaje de autoridad, de poder al mundo.

Sin embargo, después del segundo gol, el equipo pareció apagarse.

Renunció a la intensidad, perdió profundidad y terminó administrando su ventaja ante un adversario que difícilmente figurará entre los protagonistas del torneo.

Porque aunque ganaron con dos goles contra cero, no convencen ni a su director técnico.

La explicación futbolística resulta insuficiente. No se trata de falta de talento. Tampoco de preparación física.

Muchos de estos jugadores compiten cada semana con los equipos más exigentes del planeta.

El problema parece habitar en una dimensión más profunda: la psicológica.

Existe algo que podría llamarse el inconsciente colectivo del futbol mexicano. Una memoria compartida construida durante décadas de ilusiones rotas, de partidos que parecían ganados y terminaron perdidos, de generaciones que prometían cambiar la historia y acabaron repitiéndola.

Aunque los futbolistas actuales no hayan participado en esas derrotas, crecieron escuchándolas, viéndolas y absorbiéndolas como parte de la identidad nacional.

Es una carga silenciosa. No aparece en las estadísticas ni en los análisis tácticos, pero emerge en los momentos decisivos.

Cuando México tiene la posibilidad de asumir plenamente el papel de protagonista, algo parece contenerlo, como sucedió hoy.

Como si existiera un miedo inconsciente a la grandeza, una resistencia interna a creer que realmente puede pertenecer al grupo de las potencias.

Por momentos, el equipo transmitió la sensación de conformarse con cumplir antes que con conquistar. No brotó la garra, la voluntad de arrasar.

Volvieron a sentirse cómodos en la cercanía del éxito, pero incómodos ante la posibilidad de alcanzarlo por completo.

Es una actitud que refleja una vieja contradicción nacional, consistente en aspirar a lo extraordinario mientras se duda de la propia capacidad para conseguirlo, y se termina haciendo algo pequeño.

La historia del futbol mexicano está llena de episodios que alimentan esa percepción y cada eliminación dolorosa deja una cicatriz.

Cada fracaso agrega una nueva capa a una narrativa que termina condicionando el presente. Los jugadores cambian, pero el relato permanece.

Quizá por eso Aguirre no celebró como muchos esperaban. Entendió que el verdadero rival de México no era Sudáfrica.

El adversario sigue siendo esa barrera mental que aparece cuando el equipo debe dar el siguiente paso.

Esa voz interna que invita a proteger una ventaja en lugar de buscar otra. Esa costumbre de sobrevivir cuando la ocasión exige dominar.

La inauguración fue una fiesta como muchos esperaban. El Azteca vibró y el país mantiene la esperanza de ser campeones.

Pero los mundiales no se recuerdan por las ceremonias ni por las victorias discretas ante rivales menores.

Se recuerdan por los momentos en que una selección decide romper con todo aquello que la ha limitado.

Ojalá esta selección encuentre la manera de romper con ese pasado que arrastra como lastre.

Ojalá logre desprenderse de las derrotas heredadas, de las frustraciones acumuladas y de esa extraña costumbre de conformarse cuando tiene la oportunidad de trascender.

Ya vimos que la calidad está en los jugadores, pero el reto, al ser mental, debe ser capaz de demostrar que la historia no está escrita de antemano y que ninguna generación está condenada a repetir los errores de las anteriores.

Y solo así será posible liberarse de los fantasmas que durante décadas han acompañado al futbol mexicano.

Sólo así el Tri podrá dejar de jugar contra su pasado y comenzar, por fin, a construir su futuro.

 

 

Denuncia en desdeabajo Noticias!


¿Conoces o tienes fotos y videos de algún acto de posible negligencia, corrupción y abuso de autoridad? Mándalo al WhatsApp:  de desdeabajoNoticias: 7443262471. ¡Compártelo! Nosotros le damos seguimiento.

www.desdeabajo.com.mx

Síguenos también en Twitter: @Yae31099C en Facebook: DesdeabajoAca:https://www.facebook.com/profile.php?id=1000636239783

 

 

Please follow and like us:

Related posts

Crecimiento sin ancla

admin8

Dejar trabajar a Erik Catalán, a quien el pueblo eligió

admin8

De abrazos y contingentes de la 4T

admin8
Facebook
YouTube
Pinterest
LinkedIn
Telegram
WhatsApp
Tiktok