Zona Cero
Radares inservibles en Guerrero
Roberto Santos
La temporada de lluvias y huracanes ya está en marcha, pero Guerrero enfrenta una realidad preocupante: la falta de herramientas indispensables para prevenir una nueva tragedia como las provocadas por Otis y John.
Hoy, las costas mexicanas del Pacífico navegan prácticamente a ciegas frente a la amenaza de los ciclones.
La advertencia proviene de Julio Santos García, ingeniero, investigador y autor del libro “Otis, Presagio del Fin del Mundo”, quien ha dado a conocer un dato que debería encender todas las alarmas en los tres niveles de gobierno.
De acuerdo con sus investigaciones, los dos únicos radares meteorológicos destinados a la detección y monitoreo de ciclones en toda la franja costera del Pacífico mexicano —desde Chiapas hasta Baja California Sur— se encuentran fuera de operación.
Uno está ubicado en Chiapas y el otro en el Aeropuerto Internacional de Acapulco. Ambos, simplemente, no funcionan.
La gravedad del problema es enorme. Se trata de una región que año con año enfrenta tormentas tropicales, huracanes y fenómenos meteorológicos cada vez más intensos como consecuencia del cambio climático. Sin embargo, las autoridades han permitido que instrumentos fundamentales para la prevención de desastres permanezcan inutilizados durante años.

El caso de Acapulco resulta especialmente alarmante. El radar instalado en el aeropuerto sufrió daños tras el impacto devastador del huracán Otis, en octubre de 2023. Casi tres años después, sigue sin ser rehabilitado. Tampoco estuvo disponible durante la emergencia ocasionada por el huracán John en 2024.
La experiencia de Otis debió haber dejado una lección imborrable. Aquel fenómeno sorprendió a miles de personas debido a su rápida intensificación, mientras la población carecía de información suficiente para dimensionar el riesgo.
Hoy, lejos de fortalecerse la infraestructura de monitoreo, la situación parece haberse deteriorado aún más.
La ausencia de radares no solo representa un riesgo para la protección civil. También abre la puerta a la especulación y a la desinformación. Julio Santos advierte que, previo a la tormenta Boris, diversas páginas en redes sociales difundieron versiones alarmistas que generaron incertidumbre entre la población y afectaron la actividad económica de Acapulco.
Comercios cerrados, turistas preocupados y ciudadanos confundidos fueron algunas de las consecuencias de la falta de información técnica, confiable y oportuna.
Resulta paradójico que una de las zonas más vulnerables del país frente a los ciclones dependa principalmente de imágenes satelitales y reportes externos para vigilar los fenómenos meteorológicos, sin contar con radares operativos capaces de ofrecer información en tiempo real sobre la evolución de los sistemas que amenazan nuestras costas.
Más preocupante aún es que, según refiere Santos García, las propias autoridades reconocieron la inexistencia de radares funcionales.
Tras consultas realizadas ante la Comisión Nacional del Agua y el Servicio Meteorológico Nacional, la respuesta fue clara: actualmente no existen equipos operativos para cumplir esa función estratégica en la región.
El investigador, quien recientemente recibió un Doctorado Honoris Causa por sus aportaciones académicas y de divulgación, informó que presentó denuncias ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Presidencia de la República por esta situación.
Mientras la CNDH ya emitió una respuesta, desde la Presidencia se confirmó, mediante las consultas correspondientes, la ausencia de radares funcionales. Lo más preocupante es que tampoco existe una fecha definida para su reparación o sustitución.
La prevención de desastres no puede seguir considerándose un gasto prescindible. Cada peso invertido en infraestructura de monitoreo significa vidas salvadas, patrimonio protegido y decisiones oportunas. Lo contrario es dejar la seguridad de millones de personas en manos de la suerte.
Y la suerte no debería formar parte de ninguna estrategia de protección civil.
De acuerdo con los pronósticos, la actual temporada de ciclones contempla la formación de diversos huracanes en el Pacífico. Aunque todavía es imposible conocer con precisión su intensidad o trayectoria, especialistas advierten que las condiciones atmosféricas podrían ser similares a las que favorecieron la formación de Otis y John.
Por ello, dar seguimiento puntual a estos fenómenos resulta fundamental para prevenir pérdidas humanas y materiales en Acapulco y en los municipios de ambas costas de Guerrero.
A pesar del panorama adverso, Julio Santos García mantiene el optimismo. Afirma que continuará realizando gestiones ante autoridades, organismos especializados y grupos empresariales para lograr que Guerrero cuente nuevamente con radares meteorológicos de largo alcance.
Su argumento es sencillo y contundente: cuando se trata de fenómenos naturales extremos, la información salva vidas. Y en estos momentos, las costas mexicanas del Pacífico carecen de una de sus herramientas más importantes para obtenerla.
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