CAJA DE RESONANCIA
- La oposición ante la oportunidad de su vida.
Lic. Moisés Torres Salmerón
La elección de 2027 en Guerrero podría convertirse en una de las contiendas más interesantes de los últimos años. No porque Morena llegue debilitado electoralmente —los números todavía lo colocan como la principal fuerza política—, sino porque la oposición tiene, por primera vez en mucho tiempo, una posibilidad matemática real de disputar el poder si consigue hacer algo que hasta ahora no ha logrado: dejar de competir dividida.
Los resultados electorales ofrecen una lectura que no debería pasar inadvertida.
En la elección de gobernador de 2021, Morena obtuvo 43.45% de los votos. El PRI y el PRD, que postularon juntos a Mario Moreno, alcanzaron 39.21%. Si a esa votación se agregaran los sufragios obtenidos por PAN y Movimiento Ciudadano, la oposición habría llegado teóricamente a 43.56%, prácticamente empatada con Morena. A su vez, Morena, PT y PVEM habrían sumado alrededor de 49.5%.
Es decir, la unidad opositora no habría garantizado el triunfo, pero habría convertido aquella elección en una auténtica contienda.
Cuatro años después, los números vuelven a mostrar una fotografía interesante. En la elección de ayuntamientos de 2024, Morena, PT y PVEM concentraron aproximadamente 48.3% de la votación, mientras PRI, PAN, PRD y MC reunieron alrededor de 43.5%.
Otra vez, una diferencia cercana a cinco puntos.
Pero en las diputaciones locales la fotografía es distinta y mucho más favorable al oficialismo: Morena, PT y PVEM rondaron 55.7%, mientras PRI, PAN, PRD y MC sumaron aproximadamente 37%. Los resultados oficiales de 2024 muestran, además, que Morena obtuvo 16 diputaciones de mayoría relativa, el PRI tres, el Verde cuatro, el PRD dos y el PT tres, mientras MC y PAN no consiguieron triunfos de mayoría.
¿Qué significa todo esto?
Que la oposición separada tiene muy pocas posibilidades de disputar seriamente el poder.
Si PRI, PAN, PRD y MC concurren cada uno por su lado en la elección de gobernador, el voto opositor se fragmentará. Y en una elección de mayoría, fragmentar el voto equivale muchas veces a regalar la victoria al adversario.
El ejemplo de 2024 es suficientemente claro. Una parte importante del voto opositor existe, pero está distribuida entre cuatro fuerzas. La suma de esos votos podría representar una alternativa competitiva; separados, pueden convertirse simplemente en votos que no alcanzan para ganar.
Por eso resulta paradójico escuchar a dirigentes opositores lamentarse constantemente del desempeño de Morena, de sus contradicciones, de sus errores de gobierno o del desgaste que —según ellos mismos sostienen— enfrenta la llamada Cuarta Transformación, mientras mantienen intacta la principal condición que favorece electoralmente al oficialismo: la división de sus adversarios.
Si realmente consideran que Morena ha fallado, 2027 les ofrece una oportunidad para demostrarlo en las urnas.
Pero para hacerlo tendrán que ponerse de acuerdo.
No significa que PRI, PAN, PRD y MC tengan que pensar igual. Tampoco que desaparezcan sus identidades ideológicas. Significa entender que una elección puede exigir acuerdos extraordinarios cuando lo que está en juego es la alternancia en el poder.
Y aquí aparece Movimiento Ciudadano.
El partido naranja puede convertirse en el factor decisivo de la elección. En 2024 obtuvo alrededor de 7.8% en diputaciones y 9.2% en ayuntamientos. Son votos suficientes para modificar radicalmente el resultado de una elección cerrada.
Sin embargo, la dirigencia nacional de MC, encabezada por Jorge Álvarez Máynez, mantiene una posición que privilegia competir por separado y ha cuestionado abiertamente una alianza con el PRI. En los últimos días, incluso ha cerrado la puerta a una coalición con ese partido, aunque también se han registrado declaraciones que dejan abierta la posibilidad de evaluar alianzas caso por caso.
En Guerrero, esa decisión podría tener una consecuencia muy concreta: si MC va solo, puede terminar siendo el partido que incline la elección en favor de Morena.
No necesariamente porque quiera favorecer a Morena. Esa sería una conclusión política que tendría que demostrarse. Pero electoralmente el efecto puede ser exactamente ese.
Un partido puede declararse opositor y, sin embargo, terminar desempeñando un papel funcional para el partido gobernante cuando divide el voto de quienes buscan una alternativa.
Álvarez Máynez parece apostar por construir a MC como una tercera vía. Es una estrategia legítima. El problema es que en una elección de mayoría esa tercera vía puede terminar sin gobernar y, al mismo tiempo, impedir que gobierne quien pretende sustituir al oficialismo.
En las diputaciones el problema sería todavía mayor.
La elección de 2024 demostró que Morena y sus aliados tienen una ventaja considerable cuando la oposición compite fragmentada. Si PRI, PAN, PRD y MC vuelven a separarse, Morena podría conservar una mayoría importante en el Congreso local aun cuando la suma de los votos opositores sea considerable.
En cambio, una coalición amplia podría transformar el mapa legislativo.
Por supuesto, sumar porcentajes no significa sumar automáticamente electores. Un priista no necesariamente votará por un candidato panista; un panista puede rechazar a un priista; un perredista puede no sentirse representado por ninguno de ellos y MC ha construido precisamente su discurso sobre el rechazo a las fuerzas tradicionales.
Ahí está el verdadero desafío.
La oposición no necesita solamente una coalición electoral; necesita un acuerdo político y una candidatura capaz de convencer a los electores de que la alianza no es una simple suma de partidos, sino una alternativa de gobierno.
Si lo consigue, la elección de 2027 puede ser competitiva.
Si no lo consigue, los números de 2021 y 2024 anticipan otro escenario: Morena llegará con la ventaja de ser la primera fuerza, mientras sus adversarios se repartirán una bolsa electoral que, sumada, podría haberles permitido competir por el poder.
La paradoja sería enorme.
Los partidos opositores podrían tener suficientes votos para ganar, pero no suficientes votos concentrados en una sola opción para hacerlo.
Por eso 2027 representa para ellos una disyuntiva histórica: seguir defendiendo sus diferencias o construir, por encima de ellas, la posibilidad de la alternancia.
Morena no necesita que la oposición sea débil.
Le basta con que permanezca dividida.
Y quizá esa sea la decisión más importante que PRI, PAN, PRD y MC tendrán que tomar en Guerrero: no si les gusta el otro, sino si están dispuestos a aceptar que, separados, pueden conservar sus partidos y perder el gobierno; mientras que juntos podrían tener, por primera vez en años, una posibilidad real de conquistarlo.
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