La silla eléctrica
Puebla, entre el banquillo y la botella
Alcaldes bajo investigación y funcionarios que parecen olvidar que gobernar exige algo más que ocurrencias.
Por Antonio Ladrón de Guevara
Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis.
Michel de Montaigne
En Puebla, algunos palacios municipales parecen haber descubierto una nueva vocación: ser antesala de la Fiscalía. La procuración de justicia confirmó que más de cinco presidentes municipales están bajo investigación por distintos asuntos. Y, por si alguien pensaba que se trataba de simples rumores de café, ya existen órdenes de aprehensión vinculadas con Esperanza y Tepeyahualco, con posibles delitos que incluso brincan al terreno federal.
La postal resulta francamente pintoresca: alcaldes que llegaron prometiendo transformar sus municipios y terminaron transformando el significado de la palabra “gestión”. Unos administrando; otros, aparentemente, administrando problemas judiciales.
La FGE trabaja de la mano con la FGR y la SSP, mientras los nombres permanecen cuidadosamente guardados. Información confidencial, dicen. Naturalmente. En política, a veces el secreto es más resistente que el concreto de una obra pública.
Y mientras las autoridades investigan, Puebla ya acumula ocho presidentes municipales detenidos, acusados de delitos que van desde extorsión y abuso de poder hasta crimen organizado y feminicidio.
El antiguo ritual del poder parece tener una nueva ceremonia: campaña, promesa, cabildo… y expediente.
Quizá ha llegado la hora de abrir las puertas del templo y retirar el velo. Porque si las investigaciones prosperan, más de uno descubrirá que la presidencia municipal no era una corona, sino apenas el primer escalón hacia el banquillo.
La Bonita, el mezcal y la ocurrencia
Cuando la promoción personal se confunde con la responsabilidad pública
Hay promociones que requieren estrategia, otras presupuesto y algunas, de plano, mezcal. El problema surge cuando quien promueve el deporte y la juventud presta su imagen a una bebida espirituosa.
Gaby “La Bonita” Sánchez parece haber descubierto que entre una política deportiva y un mezcal hay poca distancia.
Mientras el discurso oficial fomenta hábitos saludables, también se promociona una bebida ajena al manual olímpico de hidratación.
No se trata de satanizar el mezcal, producto emblemático de Puebla, sino de exigir congruencia.
Si eres funcionaria responsable del deporte y la juventud, quizá deberías vender disciplina y medallas antes que tragos y botellas.
¿Marketing o falta de criterio?
La pregunta es inevitable: ¿quién autorizó esa estrategia?
Cuando se mezclan funciones públicas con promoción comercial, la frontera entre representación institucional, promoción personal y publicidad se vuelve peligrosa.
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