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octubre 7, 2026
Opinion

¿Por qué Andrea Chávez?

CAJA DE RESONANCIA

¿Por qué Andrea Chávez?

Lic. Moisés Torres Salmerón

 

 

La pregunta es inevitable:

¿Por qué Andrea Chávez?

No porque carezca de trayectoria política. No porque no tenga presencia en Chihuahua. Tampoco porque no pueda aspirar legítimamente a encabezar Morena en Ciudad Juárez.

La pregunta es otra:

¿Por qué, después de perder la definición interna por la coordinación estatal de Chihuahua, Morena decidió colocarla directamente al frente de la coordinación municipal de Ciudad Juárez, sin convocatoria municipal y sin encuesta?

El dato es público.

La dirigencia nacional de Morena designó a Andrea Chávez como coordinadora municipal en Ciudad Juárez apenas una semana después de que Cruz Pérez Cuéllar fuera designado coordinador estatal. Y lo hizo antes de que el partido emitiera una convocatoria para las coordinaciones municipales.

Entonces la pregunta deja de ser solamente política.

Se convierte en una pregunta sobre el método.

Andrea Chávez no es una militante desconocida.

Es una figura nacional de Morena que forma parte del grupo de morenistas cercanos a Adán Augusto López Hernández. Otros medios también han documentado la cercanía política entre ambos y el respaldo que López Hernández dio a sus aspiraciones.

Eso no demuestra que su nombramiento haya sido producto de una protección política.

Pero sí hace perfectamente legítima una pregunta:

¿Fue tratada bajo las mismas reglas que los demás aspirantes o recibió un tratamiento excepcional?

Porque si Morena sostiene que sus procesos deben sujetarse a métodos de participación, resulta necesario explicar por qué en este caso el método aparentemente dejó de ser necesario.

Y si la respuesta es que la Comisión Nacional de Elecciones tiene facultades para realizar una designación directa, entonces la siguiente pregunta es todavía más sencilla:

¿Para qué sirven las convocatorias y las encuestas si, cuando la dirigencia lo considera conveniente, puede simplemente designar coordinadores?

Morena ha construido buena parte de su identidad política alrededor de una idea:

“El pueblo pone y el pueblo quita”.

Pero en Ciudad Juárez habría que preguntar:

¿Dónde estuvo el pueblo cuando se decidió quién encabeza el proyecto de Morena rumbo a 2027?

Porque no hubo encuesta municipal.

No hubo convocatoria municipal.

No hubo una competencia pública entre aspirantes a esa coordinación.

Hubo una decisión de la dirigencia.

Y después de esa decisión, Andrea Chávez quedó posicionada como la eventual carta de Morena para la presidencia municipal de Ciudad Juárez. Diversos medios han descrito precisamente ese efecto político del nombramiento.

Entonces la pregunta resulta inevitable:

¿El pueblo pone y el pueblo quita, o la dirigencia decide y después el pueblo solamente ratifica?

Esa es una diferencia enorme.

Aquí aparece una contradicción que Morena debería explicar.

Cuando hay encuesta, se dice que el pueblo decidió.

Cuando alguien gana una encuesta, se presenta el resultado como expresión de la voluntad popular.

Pero cuando no hay encuesta, ¿qué expresión de voluntad popular puede invocarse?

El problema no es que Andrea Chávez haya sido designada.

El problema es que la designación produce un efecto político equivalente al de una candidatura anticipada, sin que la ciudadanía de Ciudad Juárez haya tenido la oportunidad de expresar su preferencia mediante el mecanismo que Morena utiliza en otros procesos.

Y eso obliga a formular una pregunta incómoda:

¿La encuesta es realmente un instrumento de democracia interna o es un mecanismo que se utiliza cuando la dirigencia decide utilizarlo?

Porque si el método es obligatorio solamente algunas veces, entonces no estamos frente a un método.

Estamos frente a una opción.

Puede haber razones políticas para designar directamente a Andrea Chávez.

Morena puede considerar que su trayectoria, su trabajo territorial, su liderazgo o cualquier otra circunstancia justifican esa decisión. De hecho, la dirigencia explicó que su designación obedecía a su liderazgo, trayectoria y trabajo territorial.

Pero precisamente por eso debería explicar algo más:

¿Por qué esos mismos criterios no requieren una encuesta?

Y aquí está el punto que no puede esconderse detrás de la palabra “unidad”.

La unidad no puede convertirse en una palabra mágica para justificar cualquier decisión.

Tampoco puede convertirse en una fórmula para pedir a los inconformes que simplemente acepten lo decidido.

La unidad democrática se construye explicando las decisiones.

¿Su cercanía política con el exsecretario de Gobernación influyó en la decisión?

Y mientras Morena no explique de manera suficientemente clara por qué decidió designarla directamente, esa pregunta seguirá sobre la mesa.

Sobre todo porque la secuencia resulta políticamente significativa:

Andrea Chávez pierde la definición estatal frente a Cruz Pérez Cuéllar.

Una semana después, Morena la designa directamente coordinadora municipal de Ciudad Juárez.

Y esa coordinación la coloca en una posición privilegiada rumbo a la elección municipal de 2027.

Todo ello ocurre antes de que exista siquiera la convocatoria para las coordinaciones municipales.

¿Casualidad?

¿Estrategia?

¿Reconocimiento a su trayectoria?

¿Una forma de preservar la unidad interna?

¿Una decisión para evitar una fractura política?

Pueden existir distintas explicaciones.

Pero precisamente porque existen distintas explicaciones, Morena debería dar la suya.

Andrea Chávez no tiene por qué cargar con las decisiones de la dirigencia. Pero si puede y debería por congruencia, por dignidad, dimitir de la designación y participar en igualdad de circunstancias con quienes aspiran a esa coordinación.

La dirigencia y la Comisión Nacional de Elecciones tienen que responder por esa decisión.

Porque si Morena sostiene que el pueblo decide, entonces debe explicar cuándo participa el pueblo.

Sí sostiene que las encuestas son el mecanismo para conocer su voluntad, debe explicar cuándo se aplican y cuándo pueden omitirse.

Y si sostiene que existen reglas, debe explicar por qué esas reglas no parecen aplicarse de la misma manera en todos los casos.

La cuestión, finalmente, no es Andrea Chávez.

La cuestión es si existen reglas para todos o excepciones para algunos.

Y si existen excepciones:

¿Quién decide quién merece una excepción?

Porque cuando una organización política dice que el pueblo pone y el pueblo quita, pero la dirigencia puede decidir quién encabeza una Coordinación municipal antes de que exista convocatoria y sin consultar mediante encuesta, alguien tiene que explicar dónde quedó la voluntad popular.

Y, sobre todo, quién decidió que esta vez no era necesario preguntarle al pueblo.

 

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