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octubre 9, 2026
Opinion

La realidad le aguó el regreso a Abelina

Zona Cero

La realidad le aguó el regreso a Abelina

Roberto Santos

 

 

 

Apenas regresó Abelina López Rodríguez a ocupar la silla presidencial de Acapulco y la realidad le dio una bienvenida pasada por agua.

 

Las lluvias provocadas por los remanentes de la tormenta tropical Simón exhibieron, una vez más, las heridas de una ciudad donde la basura, el lodo y los encharcamientos aparecen con una puntualidad que ya quisieran tener los servicios públicos.

 

La alcaldesa salió a recorrer colonias y supervisar los trabajos de limpieza. Había cuadrillas, maquinaria pesada, rejillas desazolvadas y bombas para sacar el agua acumulada.

 

Todo muy bien para la fotografía de la emergencia, pero la pregunta que incomoda sigue ahí: ¿por qué hay que correr detrás del agua cuando desde hace meses debería estarse trabajando para evitar que la ciudad se convierta en una alberca cada vez que llueve?

Ya debería saber que una cosa es atender la contingencia y otra muy distinta prevenirla. Las barrancas, los arroyos y las alcantarillas no se limpian con boletines de prensa ni con recorridos de última hora.

 

Si los residuos bajan de las partes altas y terminan obstruyendo las vías de escurrimiento, algo falló antes de que cayera el aguacero. Y esa falla no se resuelve solamente retirando el lodo cuando ya invadió las calles.

 

Pero si hubo un punto donde la lluvia pareció tener memoria, fue en la calle Juan de la Cosa, esa obra de casi 27 millones de pesos que terminó convertida en una referencia obligada cuando se habla de dinero público y soluciones que no solucionan.

 

La intervención que debía resolver un problema ahora parece haberlo agravado.

 

Una ironía bastante cara: el remedio salió millonario y el padecimiento sigue ahí, con abundante agua como testigo.

La famosa Juan de la Cosa ya no necesita demasiada publicidad. Cada encharcamiento le hace promoción gratuita y cada lluvia pone a prueba las explicaciones oficiales.

 

Juan de la Cosa es una obra pública que no cumple con el propósito para el que fue concebida, y no basta con presumir cuánto costó ni con repetir que se hicieron trabajos, porque se vuelve imperativo explicar por qué el problema persiste y quién responde por los resultados.

 

La doctora Abelina volvió a la presidencia municipal y pudo comprobar que una ciudad no se gobierna desde el escritorio ni se arregla con recorridos cuando la emergencia ya está encima. Tampoco se arreglan con discursos fantasiosos electoreros.

 

Las lluvias no inventaron las deficiencias; simplemente las dejaron al descubierto.

 

Y Acapulco se ha vuelto el lugar donde cada temporada se pone a prueba la infraestructura, por lo que la prevención no puede seguir llegando después del agua.

 

Está claro que el problema no es que llueva, sino que después de tantos años y tantos millones, Acapulco siga padeciendo de lo mismo.

 

Después de su aventura electoral la presidenta regresó por la silla, y vamos a poder comprobar si algo aprendió en sus recorridos o volvió para hacer lo mismo.

 

Por cierto, ayer no se escucharon las 13 bocinas de alertamiento que compró ni hubo perifoneo alguno para alertar a la población de posibles inundaciones.

 

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