CAMINOS DEL SUR
Desabasto, austeridad y desconfianza: la tormenta perfecta contra la vacunación
Manuel Nava
Desde una perspectiva de salud pública, el deterioro de la cobertura de vacunación en México no puede entenderse como un evento aislado ni coyuntural, sino como el resultado de una acumulación de fallas estructurales, decisiones institucionales y choques externos que, en conjunto, erosionaron progresivamente la capacidad del Programa de Vacunación Universal desde hace por los menos tres sexenios.
El declive comenzó a observarse desde administraciones anteriores (2000-2024), pero se profundizó durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La reestructuración del sistema de compras consolidadas, junto con una política de austeridad aplicada de manera transversal, generó, retrasos en licitaciones y contratos; dependencia mayor de compras internacionales sin una transición logística sólida; fragmentación en la responsabilidad operativa entre federación y estados.
Este proceso afectó la disponibilidad oportuna de biológicos incluso antes de 2020, debilitando la resiliencia del sistema ante choques externos. El desabasto fue un factor determinante. No se trató únicamente de escasez puntual, sino de una interrupción recurrente en el suministro de vacunas clave del esquema básico, incluida la Triple Viral (SRP).
Cuando la cobertura infantil cayó al 66 por ciento en 2023 —muy por debajo del 95 recomendado para inmunidad de rebaño— se cruzó un umbral epidemiológico crítico. En enfermedades altamente contagiosas como el sarampión, basta con bajar de 90–92% para permitir la reintroducción sostenida del virus.
La baja cobertura no solo expone a individuos no vacunados, sino que rompe la protección comunitaria, facilitando brotes explosivos.
La desaparición de la Semana Nacional de Salud eliminó una estrategia de alcance masivo que funcionaba como mecanismo de recuperación de esquemas incompletos. Su cancelación implicó, menor captación activa en comunidades marginadas; Reducción en campañas intensivas de comunicación; pérdida de “momentos de alta visibilidad” que reforzaban la cultura de vacunación.
Durante 2020–2022, la pandemia desvió recursos humanos, presupuestales y logísticos hacia la vacunación contra COVID-19. Sin embargo, la pandemia no creó el problema; lo amplificó sobre una estructura ya debilitada.
Los problemas en almacenamiento, transporte y distribución han sido señalados recurrentemente en los últimos años. En regiones con alta dispersión poblacional —como el Pacífico Sur— la ruptura de la cadena de frío compromete la efectividad de los biológicos y retrasa la aplicación oportuna.
El 12.3 por ciento de rechazo reportado refleja un fenómeno creciente de hesitación vacunal. Este fenómeno se alimenta de: desinformación en redes sociales; percepción de improvisación institucional; desconfianza en la eficacia o seguridad de nuevas vacunas tras la pandemia. Aunque no es la causa principal, sí actúa como factor multiplicador cuando el sistema ya presenta fallas de suministro.
La logística es especialmente crítica en estados con alta marginación como la Región Pacífico Sur, entidades donde confluyen pobreza, movilidad migratoria y menor infraestructura sanitaria, creando condiciones ideales para brotes.
Brotes de sarampión en Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca durante 2025–2026, incluyendo defunciones; Reaparición de tosferina con muertes en menores no vacunados; incremento de Hepatitis Aasociado a baja cobertura.; casos de tétanos y lepra en zonas con esquemas incompletos; Alta incidencia de dengue (serotipo 3) en 2024–2025, evidenciando vulnerabilidades en vigilancia epidemiológica.
El sarampión es particularmente ilustrativo: al ser uno de los virus más contagiosos (R0 entre 12 y 18), su presencia indica una caída sustantiva de la inmunidad colectiva. En el Pacífico Sur, la baja cobertura no es solo un problema sanitario, sino estructural
La caída de la cobertura de vacunación en México responde a un modelo de deterioro acumulativo. El resultado es la pérdida de inmunidad colectiva y la reemergencia de enfermedades que se consideraban controladas.
Desde una óptica de salud pública, el problema ya no es únicamente recuperar porcentajes de cobertura, sino reconstruir la capacidad operativa, logística y de confianza social del sistema nacional de vacunación. Sin una intervención estructural sostenida, los brotes actuales podrían convertirse en ciclos recurrentes en los próximos años.
La salud solo se aprecia hasta que llega la enfermedad, diría la abuela.
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