El meme como bastión de la libertad de expresión en México

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México en defensa del meme.
De lo que representa para la libertad de expresión.
Y de lo mucho que significa a nivel cultural en la era de la inteligencia artificial.
Al poder político le duele el meme casi tanto como las investigaciones periodísticas.
Una investigación periodística desmonta discursos y exhibe con datos.
Pero el meme, por su alta replicabilidad y por su capacidad de simplificar un mensaje para la memoria colectiva, se encarga de perpetuar lo que descubrió el periodismo.
Una investigación periodística sucede a otra sin que sea retomada con facilidad por la sociedad.
Pero el meme encadena burlas y críticas que se convierten en lastre para el personaje político.
Ese meme, además, cobra vida en la era de la inteligencia artificial.
Permite interacción entre personajes para terminar operando como un retrato libre y sarcástico de lo peor de la política mexicana y mundial.
El poder político no ha dejado en visto el efecto del meme para su imagen pública.
La llamada ley antimemes no surgió como respuesta a la viralidad de La Casa de los Mañosos.
Pero esa viralidad permite entender el tipo de expresión que podría terminar afectada.
El riesgo de que el gobierno alcance la caricatura política de antes y de ahora.
La iniciativa sobre identidad gubernamental no incluye el humor ni la manifestación gráfica en forma de meme de manera literal, pero deja abierta la preocupación al sancionar la utilización de la identidad gráfica oficial a escala comercial.
Si a esa área gris se le suma una iniciativa distinta que pretende adjudicar responsabilidad a las plataformas en las que se publican los contenidos, se obtiene una maquinaria de control en manos del gobierno.
La redacción original de la primera iniciativa hablaba de penas de entre tres y siete años para quien utilizara, reprodujera o imitara, a escala comercial, la identidad gráfica institucional, los dominios electrónicos o los signos oficiales de alguna institución pública para inducir al error o al engaño.
Tras las críticas, la pena se redujo a entre uno y cinco años y se añadió que el uso tendría que pretender simular un origen oficial con la intención de cometer un ilícito.
Bajo la redacción original, ¿La Casa de los Mañosos podría haber sido sancionada?

Para algunos, entre ellos Ricardo Anaya, del Partido Acción Nacional, hacia allá podía ir encaminada.
Desde el gobierno se asegura que sólo aplicaría cuando alguien pretendiera hacerse pasar por un órgano oficial para cometer un ilícito.
Pero el espacio para la interpretación queda abierto, por más que se haya reducido el número de años de cárcel que se impondrían.
A su modo, el gobierno aspira a controlar la narrativa a partir de lo que considera su “propiedad intelectual”.
El riesgo es que termine blindándose también de ejercicios serializados como La Casa de los Mañosos y de cuentas en redes que no paran de ganar seguidores a partir de sketches generados con inteligencia artificial.
El meme, sin embargo, ha de ser defendido como el derecho a manifestarse en las calles.
Ahí donde los órganos de gobierno se muestran incapaces de impartir justicia ante funcionarios que enfrentan acusaciones de distinta índole, el meme sirve como herramienta de reclamo social y hasta de generación de conciencia.
A producciones como La Casa de los Mañosos no hay que defenderlas por exhibir a uno u otro partido, sino por ser alternativas de expresión que han de mantenerse intocables en cualquier democracia.
Ha de ser prioridad máxima que los tentáculos de este y otros gobiernos no lleguen a controlar los memes.
La política memética, después de todo, es de los escasos espacios en que los servidores públicos aún son llamados a rendir cuentas.
Aunque sea en la memoria colectiva.
Aunque sea en lo que se comenta de ellos en las calles y en los feeds.
Y aunque, en muchos de los casos, ese ruido y esa sátira que se generan no sean suficientes para derrotarlos en las casillas.
Los gobiernos ya ponen y quitan conductores.
Encumbran a quienes les son fieles y castigan a quienes los cuestionan.
Abrazan con bots cuando conviene y destrozan con esos mismos bots cuando les incomodan.
Ya sólo falta que acaben con ese pequeño escaparate de libertad que son los memes.
Por más que ahora tengan el poder de la serialización con inteligencia artificial.
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