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agosto 31, 2026
Opinion

En el Pacífico Sur, la economía que genera empleos, pero no bienesta

Caminos del sur

En el Pacífico Sur, la economía que genera empleos, pero no bienesta

Manuel Nava

 

 

La economía mexicana muestra una recuperación débil que no se traduce de manera homogénea en mejores condiciones laborales. Durante el segundo trimestre de 2026, el PIB creció 1.9 por ciento anual, pero la informalidad laboral alcanzó 55.1 puntos de la población ocupada, equivalente a 33.1 millones de personas. La desocupación, por su parte, se mantuvo baja, en 2.7.

La contradicción es evidente: México no enfrenta principalmente un problema de falta de trabajo, sino de insuficiente calidad, remuneración y protección del empleo. La economía continúa absorbiendo fuerza laboral mediante actividades informales, micronegocios, autoempleo y ocupaciones de baja productividad.

En la Región Pacífico Sur: la precariedad como estructura.  En Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca, esta contradicción alcanza su expresión más severa. Oaxaca registra 80.1 por ciento de informalidad laboral; Guerrero, 77.6; y Chiapas, 76.9. Michoacán también mantiene una de las tasas más elevadas del país.

El problema no termina en la informalidad. La región concentra también los mayores niveles de pobreza laboral, es decir, población cuyo ingreso proveniente del trabajo resulta insuficiente para adquirir la canasta alimentaria.

En el segundo trimestre de 2026, Chiapas registró 59.8 puntos de pobreza laboral, Oaxaca 52.9 y Guerrero 52.2. Michoacán, además, presentó un deterioro significativo: su pobreza laboral aumentó 5.2 puntos porcentuales respecto al trimestre anterior y su ingreso laboral real per cápita cayó 10.1.

La dimensión de género profundiza el problema: 13.8 millones de mujeres se encuentran en el sector informal, frente a 19.1 millones de hombres. El incremento anual de la informalidad fue, además, mayor entre las mujeres.

Desde una perspectiva de economía política, estos datos no deben interpretarse como una suma de decisiones individuales ni como una simple “cultura de la informalidad”. Cuando aproximadamente ocho de cada diez trabajadores son informales en tres entidades del Pacífico Sur, la informalidad deja de ser una anomalía y se convierte en una característica estructural del mercado laboral.

La región presenta una combinación de baja productividad, predominio de micronegocios, actividades agropecuarias de pequeña escala, limitada industrialización y escasa generación de empleos formales. La fuerza de trabajo encuentra ocupación, pero frecuentemente fuera de los mecanismos de seguridad social, estabilidad contractual y remuneraciones suficientes.

Así, el empleo funciona como mecanismo de absorción de la fuerza laboral, pero no necesariamente como vía de movilidad social.

El principal riesgo es confundir reducción del desempleo con solución del problema laboral. Formalizar administrativamente negocios sin transformar la estructura productiva tendría efectos limitados.

La prioridad debería orientarse a elevar la productividad regional, atraer inversión generadora de empleo formal, desarrollar cadenas de valor locales, fortalecer infraestructura económica y mejorar los ingresos laborales, particularmente en sectores donde predomina el trabajo informal.

El dato que debería preocupar no es únicamente que México crezca poco, sino que el crecimiento no está modificando con suficiente rapidez las condiciones materiales en las que trabaja una parte sustancial de la población.

El Pacífico Sur representa el caso extremo de esta contradicción: la economía genera ocupación, pero no suficiente empleo protegido; genera ingresos, pero no suficientes para superar la pobreza laboral; y genera crecimiento, pero sus beneficios no se distribuyen territorialmente de manera equilibrada.

El desafío, por tanto, no consiste solamente en crear más empleos, sino en transformar qué empleos crea la economía, cuánto pagan y qué capacidad tienen para garantizar la reproducción digna de la fuerza de trabajo.

El problema del Pacífico Sur no es simplemente que tenga “más informalidad”, sino que la informalidad funciona como mecanismo estructural de absorción de una fuerza de trabajo que la economía formal no logra incorporar productivamente. Es decir, el desempleo abierto puede ser bajo mientras aumenta el empleo precario, de bajos ingresos y sin protección social.

Con el trabajo informal se trabaja al día: lo que sale hoy, se come hoy, diría la abuela.

 

 

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