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Plata o plomo: La extorsión de la IA al periodismo

The Muffin

Plata o plomo: La extorsión de la IA al periodismo

Mauricio Cabrera

Shaping the business of sports, media, and entertainment in Latam and beyond.

25 de marzo de 2026

La escena empieza a ser semejante al “plata o plomo” con el que Pablo Escobar extorsionaba a funcionarios y autoridades para operar sin complicaciones.

De un lado, el periodista que entrena a la IA para terminar siendo reemplazado por ella.

Del otro, un periodista que adopta la IA para terminar siendo suspendido por no verificar la información incorrecta generada por la inteligencia artificial.

Como en el caso de Pablo Escobar en que se sabía ganador en cualquiera de los casos, la IA nunca pierde en estos momentos.

Si entrega resultados imprecisos, se le entrena hasta dar con un producto satisfactorio y más barato.

Puede incluso, como relata el periodista español Raúl Novoa a El País en primera persona, que el despido llegue cuando el contenido sintético ni siquiera ha alcanzado niveles óptimos de calidad.

Si se adopta la IA y por descuidos o desatención se publica información o citas falsas, como ocurrió en el caso de Peter Vandermeersch que fue suspendido de su labor como head de operaciones de Mediahuis en The Telegraph y The Irish Independent, las consecuencias las paga el humano, no la inteligencia artificial.

Existe un tercer escenario en el que un periodista rechaza abiertamente el uso de inteligencia artificial.

En dicho caso, es alta la probabilidad que el resultado siguiente sea el despido y la obsolescencia.

Para efectos de ejercicio periodístico, la IA hoy funge como un miembro junior de la redacción que con frecuencia omite procesos indispensables para verificar una información.

En ocasiones, como un becario irresponsable o como un veterano fastidiado que toma un atajo para maquilar en vez de generar valor.

En una industria en la que imperara la congruencia meritocrática, seguiría atribuyéndose el rol de liderazgo al ser humano.

Pero no bajo la única intención de que entrene a la inteligencia artificial para que ésta termine sustituyéndolo sino para que el medio siguiera construyendo prestigio, reputación y marca.

En muchas redacciones, se pretende utilizar la IA como eje rector antes que como recurso para empoderar el periodismo humano.

En esos medios, el becario sintético manda.

Al redactor junior se le entrega el timón de mando.

Si falla, se acusa y sanciona al periodista.

Si su entrenamiento es exitoso, se despide al periodista.

Desde las redacciones se impulsa el uso de la IA, pero se sanciona con severidad al que da por válida información hecha por la inteligencia artificial.

¿Es más fácil o difícil editar a la inteligencia artificial que a un humano?

¿Es más clara la distinción de roles frente a una máquina o frente a un humano?

Si un contenido publicado presenta irregularidades, el máximo responsable es el editor.

Pero también lleva su parte el reportero o redactor que dijo haber verificado una información.

Frente a las máquinas, esa responsabilidad compartida no existe más allá de la posibilidad de eliminar una suscripción.

Se puede decir, como argumenta Raúl Novoa, que por ahora el periodismo está a salvo.

Cuando una redacción entrega su operación a la IA, la calidad tiende a ser tan baja que los usuarios nunca contemplarían vincularse de verdad con ese medio.

Pero esa baja calidad no fue suficiente para que él y otros dentro del mismo medio mantuvieran su trabajo.

¿Qué hacer cuando el desenlace es el mismo?

Frente a Pablo Escobar, quienes eran contactados entendían que no tenían alternativa.

A los periodistas dentro de las redacciones, sobre todo a los llamados a atender el día a día, o les queda mejorar la IA hasta hacerse reemplazables o fracasar en su adopción para también ser despedidos.

Si a la IA se le pretende convertir en protagonista de la redacción, tendría que pagar las consecuencias.

Pero históricamente eso no ha ocurrido.

Aunque con una participación distinta, Facebook, Instagram, X o YouTube nunca se han hecho copartícipes de informaciones falsas, de desinformación o de casos tan extremos como abusos de menores.

Dado que no son los autores últimos de un contenido, como tampoco la IA dada la validación humana, se dirá que sólo son plataformas, o herramientas en el caso de la IA, que deben ser supervisadas por un humano.

A un redactor principiante no se le permiten las alucinaciones.

Mucho menos a un editor de alto nivel.

A un periodista humano no se le permite inventar una cita.

La IA se limita a ofrecer disculpas en caso de ser descubierta.

La relación no es equitativa.

Cuando se quiere, a la IA se le atribuyen poderes de edición, análisis y autoridad respecto a cómo debe escribir un humano.

Pero cuando falla, la responsabilidad es humana.

Ante la IA, por ahora, el periodista siempre pierde.

Del archuivo de The Muffin:

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