EN OPINIÓN
El desgaste ético de Morena. Caja de resonancia
Lic. Moisés Torres Salmerón
El desgaste ético y moral de Morena rumbo a las elecciones de 2027 es cada vez más evidente. El discurso de la austeridad, de la “honestidad valiente” y de representar la esperanza de México enfrenta hoy una prueba que ya no puede resolverse únicamente apelando al pasado.
A más de ocho años de haber llegado al poder, las contradicciones entre el discurso y la realidad son demasiado visibles para ocultarlas. Los escándalos protagonizados por personajes de primer nivel han comenzado a erosionar una de las principales fortalezas que llevaron a Morena al gobierno: la percepción de que representaba una forma distinta de hacer política.
El problema no es que Morena enfrente críticas. Todos los gobiernos las enfrentan. El verdadero problema es la dificultad para responderlas con hechos, cuando los principios que dieron origen al movimiento parecen entrar en contradicción con algunas de sus prácticas.
Durante años, Morena construyó buena parte de su identidad política sobre la denuncia de los excesos, la corrupción, los privilegios y la impunidad de los gobiernos del pasado. La derecha, el PRI y el PAN fueron señalados como responsables de un régimen que, según el discurso morenista, había convertido al poder en instrumento para beneficio de unos cuantos.
Morena tiene la Presidencia de la República, la mayoría legislativa en el Congreso de la Unión, la mayoría de los Congresos locales y una enorme presencia territorial a nivel nacional.
Ya no puede limitarse a criticar lo que hicieron mal sus adversarios. Tiene la responsabilidad de explicar lo que hacen sus propios gobiernos, sus dirigentes y sus representantes.
Y ahí aparece la contradicción.
Cuando existen señalamientos de corrupción, opacidad, posibles conflictos de interés, abuso del poder o vínculos cuestionables, la ciudadanía espera respuestas, investigaciones y, sobre todo, consecuencias. Cuando en lugar de ello percibe silencio, justificaciones, encubrimiento o una defensa cerrada de los propios, la diferencia con aquello que Morena criticó durante años comienza a diluirse.
El poder también desgasta. Y quizá uno de los mayores riesgos para Morena no provenga de sus adversarios, sino de la normalización de prácticas que alguna vez denunció.
La concentración del poder puede generar una peligrosa sensación de invulnerabilidad. Pero las urnas tienen una lógica distinta: ahí no existen mayorías permanentes ni cheques en blanco.
El ciudadano puede acompañar un proyecto durante años y, al mismo tiempo, retirarle su confianza cuando considera que sus principios fueron abandonados.
Por eso resulta relevante que Morena haya comenzado a hablar de filtros para impedir que personas con vínculos criminales o antecedentes cuestionables lleguen a las candidaturas. Es una señal de que el propio partido reconoce que ya no basta con ganar encuestas o tener popularidad.
La legitimidad de una candidatura también dependerá de su integridad y de la confianza que ésta pueda generar.
Pero el filtro tendría que aplicarse hacia adentro y no solamente como mecanismo electoral.
Si realmente se quiere recuperar la confianza ciudadana, no basta con impedir que determinados perfiles lleguen a las boletas. También debe existir voluntad para investigar a quienes ya ocupan posiciones de poder cuando existan denuncias o señalamientos serios en su contra, respetando, desde luego, el debido proceso y la presunción de inocencia.
Morena llegó al poder prometiendo que no sería igual a los gobiernos que criticaba. Esa promesa es precisamente la vara con la que será juzgado.
No se trata de afirmar que todos sus integrantes sean iguales ni de negar los cambios que puedan reconocerse en estos años. Se trata de algo más elemental: quien llegó al poder denunciando la corrupción y la impunidad tiene una obligación ética mayor de combatirlas cuando aparecen dentro de sus propias filas.
En el discurso Morena puede seguir culpando al pasado. La realidad, sin embargo, exige hacerse responsable del presente.
2027 será, en buena medida, el momento en que los ciudadanos decidan si Morena logró conservar la esperanza que lo llevó al poder o terminó pareciéndose demasiado a aquello que durante años prometió combatir.
El costo político de los errores, las contradicciones y los silencios no se paga en las conferencias de prensa.
Se paga en las urnas.
Denuncia en desdeabajo Noticias!
¿Conoces o tienes fotos y videos de algún acto de posible negligencia, corrupción y abuso de autoridad? Mándalo al WhatsApp: de desdeabajoNoticias: 7443262471. ¡Compártelo! Nosotros le damos seguimiento.
Síguenos también en Twitter: @Yae31099C en Facebook: DesdeabajoAca:https://www.facebook.com/profile.php?id=1000636239783.
