CAJA DE RESONANCIA
Félix Salgado Macedonio: ¿En la ruta de la insurrección?
Lic. Moisés Torres Salmerón
Hay movimientos políticos que pueden explicarse como simples actos de organización partidista. Y hay otros que, por su momento, frecuencia y protagonistas, obligan a formular una pregunta incómoda: ¿qué busca realmente Félix Salgado Macedonio con sus recorridos y asambleas por Guerrero?
La pregunta cobra mayor relevancia después de que Morena definió a Beatriz Mojica Morga como su coordinadora de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Guerrero, paso que la propia dinámica interna del partido coloca como antesala de la candidatura para 2027.
Félix Salgado decidió no registrarse en el proceso formal. La razón es conocida: su hija, Evelyn Salgado, gobierna actualmente Guerrero y las reglas internas de Morena en materia de nepotismo impedían que pudiera competir por la candidatura del partido en estas circunstancias. La dirigencia nacional había advertido expresamente que esas reglas serían aplicadas.
Pero una cosa es quedar fuera de la candidatura y otra muy distinta abandonar la política.
Y Félix no parece dispuesto a hacerlo.
Por el contrario, ha retomado sus asambleas informativas y sus recorridos por el estado. La propia dirigencia nacional de Morena ha señalado públicamente que Salgado no será candidato en Guerrero y, al mismo tiempo, ha defendido que continúe realizando actividades de organización política.
Ahí aparece la verdadera interrogante.
¿Estamos frente a una estrategia de fortalecimiento del movimiento o frente a la construcción de una alternativa política para 2027?
No existe, hasta ahora, una prueba pública que permita afirmar que Salgado Macedonio haya decidido abandonar Morena para buscar la candidatura por otro partido.
Pero políticamente la hipótesis existe.
Y no puede ignorarse.
Las asambleas, los recorridos territoriales, la convocatoria de simpatizantes y el discurso de reivindicación de su fuerza política pueden servir para algo más que mantener presencia dentro de Morena. También pueden funcionar como mecanismo para medir capacidad de movilización, conservar estructuras territoriales y demostrar que, pese a haber quedado fuera de la ruta formal de la candidatura morenista, existe un liderazgo político que no desapareció.
Más aún cuando el propio Salgado ha insistido en que Morena haga públicos los resultados de una encuesta espejo en la que, según su versión, habría obtenido el primer lugar. Él mismo ha explicado que esa medición no tendría validez para determinar la candidatura, pero que serviría para demostrar el respaldo con el que cuenta.
Entonces, ¿qué está haciendo Félix Salgado?
Una lectura posible es que esté intentando conservar su capital político.
Otra, más audaz, es que esté construyendo una ruta alternativa.
Y una tercera es que simplemente esté negociando dentro de Morena desde una posición de fuerza.
Lo que todavía no puede afirmarse es cuál de esas tres terminará imponiéndose.
Pero hay un dato político que resulta imposible soslayar: el tiempo juega en contra de cualquier intento de regresar a la candidatura de Morena por la vía ordinaria.
La definición de Guerrero ya ocurrió.
El partido ya tiene coordinadora.
Y Salgado ha reconocido públicamente que la candidatura no le corresponde bajo las reglas actuales.
Por eso sus movimientos adquieren otra lectura.
Si su aspiración personal fuera únicamente participar en el proceso interno de Morena, el proceso ya terminó para él. Si, en cambio, su objetivo es conservar influencia y llegar con fuerza al momento de las definiciones electorales, entonces las asambleas y los recorridos cobran una dimensión distinta.
De ahí surge una pregunta todavía más importante:
¿Cuántos militantes de Morena están dispuestos a seguir a Félix Salgado si su ruta política comienza a separarse de la ruta institucional de Morena?
Porque una cosa es que un liderazgo tenga seguidores propios y otra que esos seguidores estén dispuestos a romper con la decisión de un partido que ya definió su conducción electoral en Guerrero.
Ahí estará la verdadera prueba.
Salgado puede llenar plazas, recorrer municipios, convocar asambleas y recordar su trayectoria. Puede incluso demostrar que conserva una estructura política considerable. Pero la política no se reduce a la capacidad de movilización de un dirigente: también consiste en saber hasta dónde sus seguidores están dispuestos a acompañarlo cuando el camino deja de coincidir con el de la organización política a la que pertenecen.
Y esa será, quizá, la pregunta central de los próximos meses:
¿Los militantes seguirán a Morena o seguirán a Félix?
Porque si ambas rutas continúan juntas, sus asambleas podrán interpretarse como una forma de organización interna.
Pero si en algún momento esas rutas se separan, entonces habrá que preguntarse si estamos ante simples asambleas informativas o ante la construcción de una estructura política paralela.
Félix Salgado sabe que el calendario electoral no se detiene.
Su margen de maniobra dentro de Morena para buscar directamente la gubernatura está condicionado por las reglas internas de nepotismo y la situación política de Guerrero.
Por eso, más que preguntarnos solamente qué está diciendo Félix, habría que observar qué está construyendo.
Porque en política, las palabras anuncian intenciones.
Pero las estructuras revelan proyectos.
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