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octubre 6, 2026
Participación Ciudadana

Julio Santos García lleva ingeniería y tecnología al servicio de Acapulco con JSG-ZENIT

Zona Cero

Julio Santos García lleva ingeniería y tecnología al servicio de Acapulco con JSG-ZENIT

Roberto Santos

 

 

 

El ingeniero Julio Santos García presentó ante el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Desarrollo Económico del Estado de Guerrero, una plataforma para monitorear huracanes y fortalecer la prevención en Guerrero.

El coordinador de la aplicación JSG-Zenit, lleva más de tres décadas vinculado con Acapulco y su territorio.

 

Su experiencia con los desastres no nació desde el escritorio. Le tocó conocer el otro lado de las tragedias: llegar donde había familias damnificadas, levantar escombros, participar en proyectos de reconstrucción y buscar soluciones cuando la emergencia ya había dejado su factura.

 

Por eso resulta interesante la presentación que hizo ante el Consejo Ciudadano de Protección Civil de JSG-ZENIT, una plataforma desarrollada para el seguimiento de fenómenos ciclónicos.

 

No llegó a decir que algún día podría hacerse algo para mejorar la prevención. Llegó con algo funcionando. Los propios consejeros instalaron la aplicación y pudieron observar en tiempo real la información meteorológica.

 

Y eso, en un Acapulco que todavía tiene fresco el recuerdo de Otis, es algo muy destacable.

 

La ciudad aprendió de la peor manera que un huracán no siempre avisa con la cortesía suficiente para que todos alcancen a prepararse.

 

Pero también aprendió que el miedo puede convertirse en otro problema cuando la información es confusa, exagerada o llega acompañada de rumores.

 

Entre la sorpresa que mata y el pánico que paraliza existe un espacio que se llama información confiable.

 

Ahí pretende trabajar JSG-ZENIT.

 

La plataforma busca concentrar información sobre variables meteorológicas para seguir la evolución de los fenómenos y ayudar a determinar con mayor claridad qué está ocurriendo.

 

Además, incorpora un asistente de voz que traduce los datos técnicos a un lenguaje que pueda entender cualquier persona.

 

Y aquí aparece un asunto que en Acapulco suele olvidarse: proteger a la población también significa proteger su economía.

 

Cuando una alerta provoca que cierre un negocio, se suspenda el transporte, se vacíen hoteles, se detenga el comercio o se paralicen las actividades durante una amenaza que finalmente no impacta la ciudad, la factura también la pagan las familias.

 

No solamente se trata de lluvia, viento o presión atmosférica; detrás de cada cierre hay un trabajador que deja de ganar, un comerciante que deja de vender y una empresa que pierde.

 

Por eso la prevención debe tener dos ojos: uno puesto en la seguridad y otro en la economía.

 

Santos García parece entender esa relación desde una perspectiva poco común.

 

Su trabajo no se limita a la aplicación. Su trayectoria está vinculada con proyectos de desarrollo y reconstrucción, como el de San Agustín, donde participó desde la planeación y los trabajos topográficos hasta aspectos de infraestructura para atender a familias damnificadas.

 

Es decir, antes de hablar de tecnología ya había trabajado sobre el territorio.

 

Y quizá ahí está lo más valioso de esta historia. En tiempos en que abundan los expertos instantáneos, los opinadores de temporada y los especialistas que aparecen después de cada desastre para explicar lo que debió hacerse, resulta refrescante encontrar a alguien que intenta construir una herramienta antes de que llegue el siguiente problema.

 

No sabemos cuándo llegará el próximo huracán ni qué intensidad tendrá.

 

Lo que sí sabemos es que Acapulco seguirá expuesto a fenómenos naturales y que no puede depender eternamente de la improvisación.

 

La ingeniería, la tecnología, el conocimiento del territorio y la experiencia acumulada deberían formar parte de la defensa cotidiana de la ciudad.

Y aquí es donde esta historia adquiere, inevitablemente, una lectura política.

 

Sería interesante que frente al trabajo de profesionales como Julio Santos García, la ciudadanía debería comenzar a hacerse una pregunta distinta cuando llegue el momento de escoger a quienes habrán de representarla.

 

¿Por qué no mirar también a quienes ya han demostrado compromiso con su comunidad?

 

Acapulco podría considerar para cargos de elección popular —desde una diputación hasta la presidencia municipal— a profesionales que tengan una trayectoria comprobable y que hayan hecho algo por la ciudad y que nunca andan pidiendo el voto.

 

Tampoco se trata de convertir a cualquier profesionista en candidato solamente porque tenga un título, porque gobernar exige mucho más que conocer una profesión.

 

Se necesitan capacidad política, sensibilidad social, honestidad, visión, equipo y voluntad para tomar decisiones difíciles.

 

Pero hay una ventaja que no se improvisa en tres meses de campaña: conocer la ciudad y haber trabajado por ella durante muchos años sin pensar en el tema electoral.

 

Quizá sea tiempo de que Acapulco deje de preguntar solamente quién tiene partido, grupo o padrino, y empiece a preguntar quién tiene trayectoria.

 

Quién ha construido, quién ha resuelto, quién conoce el territorio, quién ha estado cuando las cosas se ponen difíciles.

 

Porque si de verdad queremos que otros sean los que conduzcan el futuro de Acapulco, quizá habría que empezar por algo elemental: poner en los lugares donde se decide el destino de la ciudad a personas que antes hayan demostrado que les importa su destino.

 

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