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septiembre 7, 2026
Opinion

La diputada borra-nombres y el Congreso de las ocurrencias

NADA PERSONAL

La diputada borra-nombres y el Congreso de las ocurrencias

Por: Jaime García

 

 

Varias veces he hecho comentarios sobre la productividad del Congreso de Guerrero y hasta la fecha sigo creyendo exactamente lo mismo: en su mayoría son legisladores de ocurrencias. Cada idea que tienen para pararse en el Pleno da pena ajena, da cringe, como dicen los chavos.

Y ustedes no me van a dejar mentir. Hagan memoria. Recordarán a diputadas y diputados que han subido a tribuna a proponer cada ridiculez que ya ni un niño de primaria se atrevería a decir. Y no exagero. Cuando se hacen los Parlamentos Infantiles, las niñas y los niños son infinitamente más asertivos, más inteligentes y más congruentes que nuestros flamantes representantes populares.

Tal vez por eso, a nivel nacional, el Congreso de Guerrero es uno de los más improductivos del país y, paradójicamente, uno de los más caros. Un elefante blanco de 46 diputados que nos cuesta más de 700 millones de pesos al año. Más de 300 mil pesos mensuales entre dieta, bonos, asesores que no asesoran y ayudas sociales que nadie audita. Si no me creen, pregúntenle a la diputada Leticia Mosso Hernández, del PT, quien lo confirmó.

Quiero contarles qué me trae hasta aquí. Hace unos días, entre el mar de boletines que mandan, me topé con la brillante idea de una señora que dice llamarse Marisol Bazán Fernández. Diputada local de Morena por el distrito 04 de Acapulco. Se los juro, no es por mala onda, pero jamás en mi vida había escuchado de su existencia. Así como yo, casi nadie la ubica, pero ella anda muy activa.

Su gran propuesta, la que anda promocionando por todas partes como si hubiera descubierto la cura contra el cáncer, es quitar o cambiar los nombres de calles, colonias, avenidas, escuelas y parques que lleven el nombre de políticos ligados a la represión. Así, tal cual. ¿Es en serio lo que esta señora está proponiendo?

En sus entrevistas, la ilustre legisladora menciona a algunos políticos que, la verdad, no fueron unas hermanas de la caridad: Rubén Figueroa Figueroa, Rubén Figueroa Alcocer, Ángel Aguirre Rivero y Raúl Caballero Aburto, solo por mencionar a algunos. Todo porque, según su profundo análisis histórico, están ligados a la represión o fueron parte de la guerra sucia.

Ahora resulta que la diputada es historiadora, experta en memoria colectiva y jueza de la historia. Según su exhorto dirigido a los 84 ayuntamientos y al Concejo de Ayutla, los espacios públicos no deben rendir homenaje a represores. Y para verse más preparada, cita la masacre del 30 de diciembre de 1960 en la Alameda de Chilpancingo, la del vado de Aguas Blancas el 28 de junio de 1995 con 17 campesinos asesinados, la de El Charco el 7 de junio de 1998 con 11 mixtecos ejecutados, y Ayotzinapa en 2011 y el 26 de septiembre de 2014 con 43 desaparecidos.

A ver, diputada, nadie dice que esos señores fueron angelitos. Todos sabemos lo que fueron. Pero, con todo respeto, ¿esa es la gran solución para Guerrero? ¿Borrar nombres?

Porque le tengo noticias, diputada. Le comparto datos duros, no ocurrencias suyas:

Guerrero, según el INEGI 2024, es el segundo estado más pobre de México. El 58.1% de la población vive en pobreza, son 2 millones 92 mil personas. El 21.3% vive en pobreza extrema, 769 mil guerrerenses que no tienen ni para comer. Somos primer lugar en homicidios, primer lugar en extorsión, primer lugar en desplazados. Tenemos 12 municipios sin policías y una Fiscalía que no resuelve ni el 2% de los casos.

¿Y su prioridad es cambiarle el nombre a la calle Rubén Figueroa? ¿Usted cree que la señora que vive en la colonia Figueroa de Acapulco va a dejar de ser extorsionada porque ahora su calle se llame Colonia de la Esperanza? ¿Usted cree que al campesino de Metlatónoc le va a llegar el fertilizante si su escuela ya no se llama Raúl Caballero?

No nos haga reír, diputada. Bueno, sí, háganos reír, porque para eso están ustedes, para hacernos reír con sus ocurrencias.

Borrar un letrero no borra la historia. Cambiar una nomenclatura no le da justicia a las víctimas. Lo único que va a lograr es gastarse millones de pesos del erario en cambiar escrituras, credenciales del INE, recibos de luz y letreros. Puro negocio para el compadre de los letreros.

Como ya se lo dijo Evencio Romero Sotelo, que sí vivió la guerrilla en los 70 en la Costa Grande: su propuesta es ociosa y frívola. La señora no conoce ni la historia que dice defender.

Pero así como ella, hay muchos más. La mayoría en ese Congreso no entiende que Guerrero está incendiado y ellos están jugando a ser historiadores de Facebook.

Señoras y señores diputados, dejen de perder el tiempo en banalidades. Dejen de hacerle al tonto. Pónganse a trabajar por el bien de Guerrero y dejen de idear tonterías que no van a terminar con los verdaderos problemas que nos aquejan.

Guerrero no necesita diputados borra-nombres. Necesita diputados que trabajen. Aunque sea poquito, aunque sea una vez.

Y no me lo tomen a mal, es solo un comentario. Les juro que nada personal.

Hasta la próxima…

 

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