EL COMENTARIO
La otra cara de Abelina: sin candidatura y cuentas por aclarar “A mí nadie me para; el único que me puede parar es Dios”.
de Marcial Campuzano
La frase de Abelina López Rodríguez resume, quizá mejor que cualquier discurso, el momento político que vive la alcaldesa de Acapulco con licencia. No ganó la encuesta de Morena. Beatriz Mojica Morga fue la elegida como coordinadora de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Guerrero, colocándose en la ruta de Morena hacia la gubernatura de 2027. Y Abelina, lejos de asumir el resultado decidió cuestionar el proceso y anunciar que seguirá recorriendo Guerrero.
Es su derecho político. Lo que también debería ser su obligación es explicar, con la misma energía con la que defiende su trayectoria partidista, qué ocurrió con los recursos públicos que estuvieron bajo su responsabilidad.
Porque una cosa es no aceptar una derrota política y otra muy distinta es pretender que las auditorías, las observaciones y las dudas sobre el ejercicio del dinero público son asuntos menores.

En los últimos meses, la administración de Abelina López ha tenido que enfrentar una cadena de señalamientos financieros. La Auditoría Superior de la Federación mantiene observaciones correspondientes a distintos ejercicios fiscales de su administración. En la revisión de la Cuenta Pública 2024 se identificó un probable daño a la Hacienda Pública Federal. La propia alcaldesa ha rechazado que esas observaciones puedan calificarse como un desfalco y ha asegurado que entregó documentación para solventarlas.
Y aquí está el punto: nadie debería condenarla anticipadamente, pero tampoco nadie debería absolverla anticipadamente.
Que una observación de auditoría no sea jurídicamente equivalente a un desfalco es cierto. Pero tampoco significa que pueda desaparecer con una declaración política. Las observaciones existen, los procedimientos de fiscalización existen y corresponde a las autoridades determinar qué fue solventado y qué no.
Además, la Auditoría Superior del Estado ha mantenido abiertos procesos de revisión. En la Cuenta Pública 2024 del ayuntamiento de Acapulco se reportaron observaciones y un probable daño a la hacienda pública, entre otros señalamientos.
Entonces resulta inevitable preguntar: ¿con qué autoridad moral se habla de congruencia política mientras todavía existen cuentas administrativas que deben aclararse?
Abelina reclama congruencia a quienes, según ella, cambiaron de partido, de grupo o de posición conforme cambiaron sus intereses. Es una crítica legítima, pero también puede aplicársele a ella misma.
Porque la congruencia no consiste solamente en haber acompañado a Andrés Manuel López Obrador desde 2018. No consiste solamente en declararse de izquierda. No consiste en repetir que se pertenece al pueblo o que se trabaja “a ras de tierra”. La congruencia también se demuestra cuando se administra dinero público.
Y Acapulco tiene una pregunta elemental que no puede resolverse con consignas políticas: ¿por qué, después de años de gobierno y de inversiones millonarias, el problema del agua continúa siendo una de las principales demandas de los habitantes?
El propio gobierno municipal reconoce la magnitud del problema. En mayo de 2026 informó que CAPAMA arrastra una deuda millonaria y que se han destinado cientos de millones de pesos a infraestructura hidráulica y sanitaria.
También es cierto que existen obras y proyectos de agua en marcha. El ayuntamiento reportó inversiones de varios millones de pesos para abastecer la zona poniente y otros proyectos hidráulicos en distintas comunidades.
Pero precisamente ahí está la contradicción que debería preocupar a la clase política: si se invierten cantidades tan importantes, ¿por qué el ciudadano sigue enfrentando cortes, tandeos, fugas, drenajes colapsados y colonias donde conseguir agua continúa siendo un problema cotidiano?
Gobernar no es anunciar inversiones. Gobernar es conseguir que la inversión se traduzca en servicios.
Acapulco no necesita únicamente discursos sobre la Cuarta Transformación. Necesita agua en las casas, calles transitables, drenaje funcional, recolección eficiente de basura, seguridad y una administración pública que pueda explicar cada peso ejercido.
Por eso también resulta difícil no ver una cierta ironía en el discurso de Abelina cuando cuestiona que Beatriz Mojica haya ganado las encuestas de Morena.
“Ganaron las encuestas de papel”, llegó a decir López Rodríguez al cuestionar el proceso interno.
Pero si las encuestas de Morena son de papel, las auditorías también tienen documentos. Y esos documentos no se resuelven con mítines, recorridos territoriales ni declaraciones ante los medios.
La política tiene una regla elemental: quien aspira a gobernar debe aceptar el escrutinio.
Abelina dice que nadie la para. Tal vez tenga razón. Nadie puede impedirle recorrer Guerrero, reunirse con militantes, buscar respaldo político o intentar convertirse nuevamente en protagonista de la vida pública estatal.
Pero hay algo que sí debería detenerla por un momento: la obligación de rendir cuentas.
Porque si quiere presentarse como la mujer de izquierda congruente que nunca ha cambiado de bando, tendrá que demostrar que esa congruencia también existe cuando se habla de presupuesto, contratos, obras, auditorías y servicios públicos.
Y si pretende cuestionar la legitimidad del proceso que favoreció a Beatriz Mojica, debería empezar por aceptar una verdad incómoda: la democracia interna no solamente consiste en ganar cuando las condiciones son favorables; también consiste en saber perder cuando el resultado no coincide con las expectativas propias.
Morena tiene ahora un reto mayúsculo en Guerrero. La designación de Beatriz Mojica dejó heridas abiertas y evidenció la disputa entre grupos internos.
Abelina puede convertirse en un factor de unidad o en una fuente permanente de conflicto; por lo pronto, su mensaje parece claro: no piensa retirarse, está en su derecho.
Pero si nadie la puede parar, como ella misma presume, tampoco debería haber nadie que pueda impedir que la ciudadanía le pregunte por el dinero público, por el agua que todavía no llega a muchas colonias y por los resultados de su administración porque en democracia nadie está por encima de las urnas y mucho menos por encima de las cuentas.
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