The Muffin
Pictoline llega a Japón: el triunfo de la propiedad intelectual sobre el contenido comoditizado

Shaping the business of sports, media, and entertainment in Latam and beyond.
El anuncio permite creer.
Creer en que la propiedad intelectual representa uno de los escasos caminos para los medios de nuestros tiempos.
Creer en que el respeto al producto puede pasar por encima de las voluntades y obsesiones comerciales.
Creer que en torno al conocimiento y la información hay mucho que se puede hacer más allá de la nota informativa.
Creer que existen maneras de construir marcas de contenido amparadas en una relación constructiva con marcas personales de alto valor.
En las primeras horas de ayer, Pictoline oficializó su aterrizaje a Japón.
Hace tiempo ya les conté que se había cerrado el acuerdo de licenciamiento.

Pero es ahora cuando esa negociación se materializa de forma oficial.
Capital Digital la presenta en su comunicado como una plataforma omnicanal de contenido interactivo y visual que se lanzará en próximos días.
Anuncia también que este comienzo de operaciones viene acompañado de una inversión del propio Capital Digital en MI Company, holding company de Mediagene e Infobahn.
MI Company, a través de Mediagene, opera Business Insider Japón, Gizmodo Japón, Lifehacker Japón, y Roomie.
Por medio de Infobahn, apoya a empresas en diseño de comunicación, desarrollo de contenido y medios propios.
El monto no se especifica.
Pero sí la intención, a decir de Joaquín Colino, recientemente nombrado por Gustavo Guzmán como nuevo CEO de Capital Digital, de aprender de un mercado clave en el desarrollo de personajes y en la capitalización de propiedad intelectual.
Pictoline es, por donde se le quiera ver, un medio atípico con logros igualmente atípicos.
Ha vendido libros, ha desarrollado juegos y ha ganado un Emmy gracias a La Vida Secreta de tu mente, serie emitida a través de HBO Max.

Aunque lejos del boom inicial que representó su salida al mercado, Pictoline mantiene niveles de interacción por encima del contenido habitual en medios de comunicación.
Su estilo se convirtió en una marca registrada que intentó ser replicada por competidores en México y en mercados internacionales.
Está por verse si su llegada a Japón puede alcanzar un impacto semejante al que ha tenido en México y Latinoamérica.
Por un lado, su capacidad para contar y sintetizar historias está más que probada.
Por el otro, hace tiempo ya que el factor sorpresa, cuando menos en su mercado de origen, se ha reducido de forma significativa.
En cualquier caso, a Pictoline y a Capital Digital habrá que reconocerles la voluntad de recorrer caminos que el resto de los medios ni siquiera se plantean.
Para una industria tan estancada como la de los medios en México, ha de ser motivo de orgullo que su bicho más raro sea de exportación.
Una puerta que sólo puede abrirse cuando generas producto diferenciado.
Cuando no te entregas a la agenda que te imponen terceros.
Y cuando tienes claro que tu propósito va más allá de un cambio al algoritmo, de un cliente que pretende imponer condiciones o de un diseñador que llega a querer reventar un estilo tan consolidado que se convierte en trademark.
En el presente y futuro, se necesitan más medios como Pictoline.
Firmes en su misión.
Ambiciosos en su construcción.
Decididos a la hora de experimentar.
El negocio puede o no funcionar.
Pero seguro que quienes forma parte de Pictoline tienen, cuando menos, la sensación de estar disfrutando lo que hacen.
No puede decirse lo mismo de la mayoría de las redacciones.
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