Slopaganda: el nuevo dilema del periodismo
Shaping the business of sports, media, and entertainment in Latam and beyond.

Nos hemos cargado el nuevo mundo.
La carretera de información se convirtió en un vertedero igual o peor que el que habitamos en el mundo físico.
La política, como siempre, ha tenido su buena parte de responsabilidad.
Pero también las plataformas que contribuyen a que las iniciativas se conviertan en tendencia.
Y la tecnología, que sin ser la responsable de lo que se hace con ella, contribuye a inundar de lo que sea las redes.
Un reporte generado por Wesleyan arroja que en las campañas intermedias de Estados Unidos se han invertido más de 137 millones de dólares en 220 anuncios generados total o parcialmente con inteligencia artificial.
Apenas en el 2024, el mismo registro consignó 50 mil dólares de inversión en propaganda generada con inteligencia artificial.
La slopaganda, como se le conoce a la propaganda generada con inteligencia artificial, no se centra ni en propuestas ni en logros de un candidato o gobierno.
Se concentra, la gran mayoría de las veces, en ridiculizar, difamar o atacar abiertamente a otro candidato.
Esos momentos de sátira o burla que antes se limitaban a comparencias públicas y a debates, ahora se transforman en cotidianidad tanto desde cuentas oficiales como desde supuestas cuentas de simpatizantes.
En México, los procesos electorales y el quehacer político también comienzan a llenarse de eso.
Hace unos días, un diputado de Puebla se convirtió en noticia por presentar un “informe interplanetario” en el que forma parte de un parlamento junto a extraterrestres.
Aunque evita presentarse como tal, La Casa de los Mañosos es un ecosistema de slopaganda que exhibe a unos para implícitamente beneficiar o respaldar a otros.
Tiene creatividad viral, pero también intenciones propagandísticas.
La política, en general, se interpreta cada vez más como entretenimiento.
Si bien a la fecha no se ha podido confirmar la influencia decisiva de la slopaganda en las decisiones del electorado, contribuye a que se banalice la conversación y la exigencia sobre los políticos.
No es coincidencia que en la era de los políticos entertainers se consolide también el humor generativo que reinventa los límites de la caricatura política de siempre.
La caricatura de antes extremaba defectos físicos o momentos icónicos a través de los trazos de un monero.
La de ahora, con vida gracias a la inteligencia artificial, extiende la broma hasta convertirla en la nueva realidad.
La política memética se consolida.
Los medios y los periodistas, una vez más, han de debatirse entre prestar atención a ello o dejarlo pasar.
Quizás en el ideal periodístico, el informe interplanetario del diputado poblano no debió ser digno de atención.
No tenía ni fondo, ni sustancia.
Ni, en muchos sentidos, ningún tipo de repercusión.
Pero el modo en que lo empaquetó, aunque fuera a través del ridículo, demandó atención en las redes y, por tanto, de los medios.
La slopaganda es una nueva encrucijada para los medios.
¿Se debe prestarle atención a lo que no tiene fondo?
¿Serviría de algo no llevarla cuando las redes se encargan de darle protagonismo?
¿Existirá un momento de madurez política que supere a la política memética?
Por los próximos años ese escenario no se ve factible.
La slopaganda seguirá inundando nuestras calles virtuales.
Para ver un análisis extendido del fenómeno de la Slopaganda, preparé este video:
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