Zona Cero
Morena: Unidad en el discurso, fracturas en los hechos
Roberto Santos
La carrera por la candidatura de Morena al gobierno de Guerrero comienza a parecer una romería política donde cada semana aparecen nuevos aspirantes convencidos de que merecen ser incluidos en las encuestas.
Algunos llegan respaldados por trayectoria, estructura o resultados; otros, en cambio, sostienen su aspiración en relatos cuidadosamente maquillados por el paso del tiempo.
Los discursos se repiten: que obtuvieron la mayor votación, que encabezaron el mejor gobierno o que cuentan con miles de seguidores. Sin embargo, la popularidad autoproclamada pocas veces coincide con la percepción ciudadana.
Ante la creciente lista de suspirantes, Morena enfrenta el reto de separar las aspiraciones legítimas de las meramente testimoniales. La dirigencia nacional tendría que establecer filtros más rigurosos, ya sea mediante evaluaciones sobre desempeño gubernamental o una especie de primera encuesta eliminatoria.
No se trataría de excluir por decisión cupular, sino de permitir que sea la propia ciudadanía quien determine quién tiene posibilidades reales y quién simplemente busca aparecer en la fotografía de la sucesión para obtener un cargo, aunque sea el de menor importancia.

La necesidad de poner orden explica la reciente intervención de la dirigencia nacional, que acudió a Guerrero para enviar un mensaje de unidad frente a una contienda interna cada vez más polarizada.
Pero mientras el discurso oficial llama a cerrar filas, los hechos muestran que las tensiones ya comenzaron a traducirse en fracturas.
La primera señal visible apareció en el entorno de Esthela Damián Peralta, donde una estructura que se consideraba consolidada mostró grietas inesperadas.
La ruptura de Píoquinto Damián Huato con su sobrina y su decisión de respaldar al senador priista Manuel Añorve Baños tiene un significado político que trasciende el ámbito familiar.
El Frente por la Transformación de Guerrero deja de ser una plataforma asociada a Esthela para convertirse en un activo que fortalece al proyecto opositor.
Este episodio confirma que la disputa por el 2027 ya entró en una fase de reacomodos, donde las lealtades cambian, las estructuras se reposicionan y ningún aspirante puede dar por asegurado el respaldo de quienes hasta ayer parecían sus aliados naturales.
A ello se suma un elemento que no debe pasar inadvertido, que la ruptura ocurre precisamente cuando Morena intenta construir una narrativa de cohesión interna.
Si un grupo identificado con una de las aspirantes más visibles comienza a registrar fisuras antes incluso de que arranque formalmente el proceso de definición, el mensaje hacia el resto de los contendientes es claro.
Significa que la batalla no será únicamente por posicionarse ante las encuestas, sino por demostrar capacidad para mantener unidas las estructuras políticas que respaldan cada proyecto.
No es necesario insistir que en política, las candidaturas se construyen con simpatías, pero valen más cuando existe organización, estructura y lealtades.
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