DISRUPTIVA
Tunzingo, San Pedro y el nuevo Acapulco
Miguel Ángel Santos
Mientras Acapulco intenta redefinir su futuro urbano después de años de crecimiento desordenado, desastres naturales y presión inmobiliaria, hay comunidades que buscan no quedar fuera del nuevo mapa de la ciudad.
Tunzingo y San Pedro Las Playas levantaron la mano durante la consulta pública del Plan Municipal de Desarrollo Urbano (PMDU) Acapulco 2026 para pedir ser tomadas en cuenta dentro de la planeación oficial del puerto.
Y lo más destacado es que llegaron con una propuesta técnica completa bajo el brazo.
El encargado de presentar esa postura fue el ingeniero Julio Santos García, asesor de ambos núcleos poblacionales y representante técnico de los desarrollos urbanos planteados para la zona oriente de Acapulco, quien expuso una serie de planteamientos que buscan convertir a esas comunidades en parte integral del nuevo modelo urbano del municipio.
En una ciudad donde durante décadas el crecimiento territorial ocurrió muchas veces a la deriva, hablar hoy de ordenamiento urbano significa discutir poder, tierra, inversión y futuro.
Por eso resulta relevante que las comunidades hayan decidido participar formalmente en el proceso convocado por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas (SDUOP), que mantiene abierta la consulta pública del PMDU 2026.

La propuesta presentada por Santos García plantea que la incorporación de Tunzingo y San Pedro Las Playas no solo daría certeza jurídica y orden territorial, sino que también permitiría frenar el crecimiento irregular en una de las zonas con mayor presión urbana de Acapulco.
Pero lo más interesante es que el planteamiento intenta conectar urbanismo con prevención de riesgos, algo que durante años estuvo ausente en buena parte de la planeación del puerto.
Ahí aparece la idea de crear un parque lineal en el arroyo de Tunzingo, transformar cauces en corredores recreativos, respetar zonas de amortiguamiento del Río de la Sabana y aprovechar áreas bajo líneas de alta tensión de la CFE como corredores verdes.
Es decir, se pretende usar el territorio no solamente para construir viviendas, sino también para reducir vulnerabilidades ambientales y recuperar espacios públicos.
Aunque suena racional, en Acapulco muchas veces lo bien planeado termina perdiendo frente a los intereses económicos o la improvisación política.
El fondo del debate es quién decide cómo crecerá el puerto en los próximos años.
Porque detrás de cada color del mapa del PMDU existen intereses turísticos, inmobiliarios, ambientales y sociales que inevitablemente chocarán entre sí.
La consulta pública abierta por el Ayuntamiento busca proyectar un Acapulco “ordenado, próspero y sustentable”.
El problema es que esas palabras llevan décadas apareciendo en documentos oficiales mientras la realidad urbana avanza mucho más rápido que los planes.
Por eso la participación de comunidades como Tunzingo y San Pedro Las Playas adquiere relevancia política.
No solo están pidiendo ser escuchadas; están intentando influir en el diseño del nuevo Acapulco.
Acapulco es una ciudad donde tradicionalmente los grupos políticos deciden qué hacer con el territorio, por eso es interesante que las decisiones consideren la opinión de la población. Eso ya representa un cambio importante.
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