Zona Cero
Guerrero también necesita serenidad
Roberto Santos
En Guerrero, la política parece vivir acelerada todo el tiempo. Como si todo tuviera que resolverse entre pleitos, ataques y campañas adelantadas.
Lo que debería sentirse como una fiesta democrática poco a poco se convierte en un ambiente pesado, lleno de descalificaciones y confrontación. Como si todos fuéramos presas de una neurosis colectiva.
Por eso llamó la atención ver este fin de semana a Estela Damián y Bety Mojica compitiendo, no con discursos ni ataques, sino demostrando quién bailaba mejor.
Una escena sencilla, quizá hasta anecdótica, pero que dejó ver que la política también necesita momentos de tranquilidad y de desahogo tensional.
En este momento, el debate público parece atrapado en las guerras digitales. Las redes sociales, que pudieron servir para dialogar y construir ideas, muchas veces terminan convertidas en espacios de odio y ataques permanentes.
Lamentablemente, ya no se discuten propuestas; se busca destruir al adversario. Y eso, en un estado como Guerrero, es delicado.
Guerrero carga desde hace años problemas muy profundos relacionados con violencia, pobreza, desigualdad y desconfianza hacia las instituciones.
Por eso debería preocupar a todos que la política pierda la civilidad, porque en el país ya vimos que si los liderazgos dejan de construir acuerdos y sólo alimentan la confrontación, otros intereses aprovechan esos vacíos.
La civilidad política no significa pensar igual ni dejar de criticar. Significa entender que se puede competir sin odio, debatir sin destruir y pensar primero en el estado antes que en las ambiciones personales.
También implica respetar a las instituciones y respaldar los esfuerzos que buscan recuperar la tranquilidad en las regiones donde la violencia se ha enseñoreado de la vida cotidiana de la población.
En ese contexto, resulta importante que las distintas fuerzas políticas y sectores sociales se sumen a las acciones que impulsa la gobernadora Evelyn Salgado Pineda y el gobierno federal, para fortalecer la paz, la gobernabilidad y la presencia institucional en las zonas más afectadas por la inseguridad.
Durante años, muchos actores políticos apostaron por ganar a cualquier costo. Polarizar resultó más fácil que convencer. Y el resultado está a la vista con más ciudadanos cansados, partidos desacreditados y una enorme desconfianza hacia la clase política.
Mientras tanto, los problemas reales siguen ahí, algunos más complicados que ayer.

La inseguridad continúa preocupando a miles de familias. En muchos municipios, la gente pide más presencia de las fuerzas de seguridad porque siente miedo y abandono. Sin embargo, incluso esos temas tan sensibles terminan usados como herramienta política.
Y es que cada crisis se vuelve oportunidad para atacar al rival, no para buscar soluciones. Cada error se convierte en campaña, y al final, quienes pierden son los ciudadanos.
Por eso hace falta recuperar la cultura cívica, algo que parece haberse extraviado. Es decir, la capacidad de debatir con respeto, de pensar en acuerdos y de entender que la democracia no puede sostenerse únicamente en la confrontación permanente.
Guerrero no necesita más ruido político. Necesita liderazgos serenos, responsables y capaces de entender que la ciudadanía está cansada de los pleitos interminables.
Si la gente deja de creer en sus instituciones y en sus representantes, como lo publicó el INEGI recientemente y que a todos debería preocupar, los vacíos no permanecen solos.
Poco a poco los llenan aquellos que promueven el miedo, la violencia y la impunidad.
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